30 junio, 2013

13º domingo t.o.


Lect.: : I Reyes 19, 16b. 19-21;  Gálatas 5, 1. 13-18;  Lucas 9, 51-62
  1. Sabemos que cada evangelista tiene su énfasis propio al presentar el mensaje de Jesús. Y también su manera de presentar este mensaje. Sabemos también que su interés no está en proporcionarnos una crónica de acontecimientos ni de describirnos un tour en el que nos dé a conocer lugares de interés de Palestina. Lo que quieren es armar la narración de tal manera que por sí misma ayude a comunicar el mensaje. Así, por ejemplo, cuando Lucas empieza con el texto de hoy a narrar el camino de subida de Jesús a Jerusalén lo que está haciendo es hablarnos de algo más profundo. Al mismo tiempo nos está hablando de cómo fue el camino que Jesús siguió en su vida y cómo debe ser el camino de quienes queremos ser discípulos suyos. La idea de "camino" le sirve para mostrar cómo se avanza hacia la propia realización, en la perspectiva evangélica.
  2. Y como introducción a ese camino describe varios rasgos que deben caracterizar el avance del hijo del hombre, es decir, del ser humano pleno y auténtico hacia su propia realización. En primer lugar, que cada uno de los discípulos, como él, debemos emprender el camino con determinación. En el texto original dice "endureciendo la cara", que es otra forma de decir, haciéndose fuerte ante lo que venga por delante. En segundo lugar, Lc con los ejemplos de tres desconocidos que quieren ser discípulos, plantea un segundo rasgos: el desapego. Y, atención, no del pecado, no de cosas malas, sino el desapego de todas las cosas más valiosas que encontramos en nuestra vida: la necesidad de medios para la supervivencia, como el abrigo, el poder guarecerse y tener donde vivir; los afectos y vinculaciones con los seres más queridos e incluso, los deberes y disfrutes familiares. Ese desapego no significa rechazo, desvaloración o desprecio de los bienes de este mundo, sino que, es un desapego que como lo dice Pablo hoy en la 2a lectura , viene de la libertad con la que nos ha liberado Cristo. Una libertad para dirigir sin ataduras nuestra vida hacia esa realización plena que encontramos en el Reino de Dios, es decir, en el encuentro de nuestro ser en el ser de Dios.
  3. Jesús sube a Jerusalén, que es el término del camino que ha emprendido, según Lucas. Sabe que Ahí debe proclamar su mensaje, en el centro del poder político y religioso de donde se desprenden fuerzas que impiden a las gentes sencillas alcanzar ese encuentro con Dios. Sabe también que ese enfrentamiento puede tener consecuencias dramáticas para él, como de hecho ocurrió. Pero nada lo echa atrás en el camino. Tiene determinación y desapego. Es libre para ser lo que debe ser como hijo del hombre. Son las actitudes que Lc ve como exigencias también para los que quieran ser discípulos del evangelio.
  4. Ninguno de nosotros tiene retos tan dramáticos como los que enfrentó Jesús. Pero probablemente tengamos tantas o más excusas como los tres aspirantes que salen en la narración de hoy, para no seguir el camino del desapego y la libertad que nos conduce a nuestra realización plena. Es normal, de nuestra debilidad humana que, como también dice Pablo, no hacemos lo que en profundidad queremos. En estas celebraciones comunitarias de fe confiamos que sea el Espíritu el que desenmascare nuestras excusas y nos ayude a vivir la libertad.Ω

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