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12o domingo t.o.


Lect.: Zac. 12 Gal 3. Lc 9: 18 - 24

  1. La discusión sobre la identidad de Jesús es, en realidad, una discusión sobre la identidad de la Iglesia. Un debate sobre lo que somos como comunidad de seguidores de Jesús. El texto de Lc de hoy, como los textos paralelos en Mc y Mt, están colocados justo antes de la invitación de Jesús a seguirle y, en aquel momento, a hacer con él el camino de subida a Jerusalén. Para adherirse  a alguien, como discípulo, como seguidor de su movimiento, de su forma de vida, uno  tiene que estar claro de quién es, qué es aquel a quien va  a seguir.
  2. Por eso les resultaba vital a las primeras comunidades cristianas, debatir el tema. Después de oír hablar tan atractivamente a Jesús, después de verle realizar hechos tan extraordinarios,... ¿A quién estaban siguiendo, ¿a un sabio filósofo? A un hacedor de milagros que les va a conseguir premios y beneficios fuera de serie? ¿A alguien que les va a salvar de todo mal y sufrimiento? ¿Al gran líder que estaban esperando los judíos para recuperar la identidad judía con un gran papel en la historia? Según entendieran a Jesús, de una u otra forma así se estaban entendiendo a sí mismas esas primeras comunidades cristianas y así estarían cada uno de los cristianos entendiéndose a sí mismos.
  3. El pasaje de hoy, en primer lugar, nos ayuda a constatar lo fácil  que resulta equivocarse en la interpretación de lo que era Jesús, lo fácil que era equivocarse, incluso para aquellos que habían  estado tan cerca de él, como el el propio Pedro. De ahí que la  clave de la respuesta correcta la tiene que dar en definitiva el propio Jesús. Las demás respuestas se quedan cortas o están abiertamente equivocadas. Jesús no era simplemente un profeta como lo entendían entonces, un personaje que venía a anunciar, como el Bautista, la necesidad de que  Israel  cambiara para recuperar su papel de pueblo elegido, so pena de jcastigo; ni era simplemente el Mesías, como lo expresaba Pedro, según la mentalidad de la época, pensando en un gran líder religioso político, para liberar a Israel de la opresión de otros pueblos.
  4. Jesús se presenta como el hijo del hombre, es decir, como el ser humano pleno y auténtico. Aunque no lo dice aquí Lc, sí nos lo recuerda el texto paralelo de Mc. Pero se trata de una plenitud que no se alcanza por el poder político, económico o religioso, sino por el camino de la entrega total de la propia vida en el servicio, aunque esto implique lo contrario de la idea de Mesías que tenían entonces, se trata de ser capaz de pasar por el sufrimiento y la muerte si a eso conduce las exigencias del servicio fraterno  y solidario.
  5. En la historia de la Iglesia siempre se ha vivido la posibilidad de confusión y la tensión entre esas dos maneras de entender a Jesús y, por tanto, de entenderse  a la Iglesia a sí misma. Lo vemos ya en las primeras comunidades, y por eso estos debates reflejados en los evangelios. Lo vemos hoy día también, y por eso ese camino de renovación en la sencillez y el servicio a los pobres que abre el papa Francisco, que no gusta a todos, porque tal ve siguen soñando con otra Iglesia de poder y ostentación. Confiamos en que el camino del papa Francisco es el que nos conduce a una sociedad como la que describe Pablo hoy, donde no se discrimina entre creyentes y no creyentes, entre hombres y mujeres, donde no hay esclavos sino seres humanos libres, para lograr la unidad por la que entregó Jesús su vida.Ω

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