Ir al contenido principal

Pentecostés 2013


Lect.:  Hechos 2:1 - 11;    I Cor 12,3b-7.12-13; Juan 20,19-23

  1. Terminábamos nuestra meditación de seis semanas de Pascua diciendo que se nos estaba haciendo una invitación a que, con plena confianza, dejemos manifestarse en cada uno,  la experiencia íntima de vida plena, de Jesús resucitado,  es la invitación a dejar que cada momento de nuestra vida cotidiana pueda ser vivido como vida de resucitados. Lo que llamamos en la tradición cristiana "Pentecostés", es la proclamación  de lo que es esa nueva realidad de resurrección de la que todos participamos. Lo que proclaman los evangelistas y los primeros discípulos es nuestro enraizamiento, de cada uno y de toda la creación, en una sola y misma fuente de vida y del ser, el Espíritu de Dios. En él todos y todo compartimos una sola y única realidad, integramos una sola unidad, aun cuando esta se manifieste en una maravillosa pluralidad de seres e individuos. Experimentar esta realidad es el principal fruto de la resurrección, del que vamos siendo progresivamente conscientes.
  2. Los textos asociados a esta fiesta de Pentecostés usan diversas expresiones para recalcar los rasgos de esa nueva realidad que vivimos: se traspasan las fronteras incluso del lenguaje, cada uno hablando en su propia lengua puede comunicarse con los demás que hablan en la suya, las mismas lllamaradas de fuego que simbolizan la presencia del mismo Espíritu se manifiestan sobre todos y cada uno de ellos, y no solo sobre los apóstoles; Toda la diversidad de dones y de funciones y servicios brotan de un único y mismo espíritu y operan para el bien común... Somos parte de una única y maravillosa realidad, de un solo cuerpo, dirá Pablo,  y el salmo lo expresa poéticamente diciendo que todos tenemos un mismo aliento, es el mismo viento, el mismo espíritu el que nos crea, nos mantiene en el ser y en la vida; y celebraciones como la de hoy nos ayudan a tomar conciencia de que esto es lo que auténticamente somos, aunque las distorsiones de nuestra mente nos confundan continuamente sobre nuestra realidad.
  3. Caminar a esa nueva conciencia es caminar también, evidentemente, hacia un nuevo modo de relaciones entre nosotros y con todos los seres de la creación.  No se trata ya de solo relaciones de mera convivencia pacífica, menos aún de sola tolerancia. Ni siquiera es suficiente decir que se trata de relaciones de justicia, aunque éstas son muy importantes. Caminamos hacia relaciones de cuidado amoroso de unos por otros, como lo expresa la metáfora de miembros de un mismo cuerpo, que usa Pablo, y de todos por los demás seres vivientes  y por toda la naturaleza. Nuevas relaciones que surgen no de lo que mande la ley, sino que brotan de la fuerza de la vida que nos empuja. Este es el mundo que recreamos ya en el único Espíritu que nos alienta a todos.Ω

Comentarios

  1. Podemos decir entonces que Pentecostés es cuando la experiencia de la resurrección personal se hace comunidad?

    ResponderBorrar
  2. Podemos decir entonces que Pentecostés es cuando la experiencia de la resurrección personal se hace comunidad?

    ResponderBorrar
  3. Leticia, creo que es difícil hacer esa distinción, aunque conceptualmente podamos pensarla, en particular desde algunos enfoques filosóficos. Me parece que en estas experiencias de la resurrección que nos transmiten los primeros discípulos son inseparables la dimensión individual y la dimensión comunitaria. Por el mismo hecho de tener la vivencia de Cristo resucitado ya se experimentan formando parte de un mismo cuerpo, traspasando las fronteras de su separación material. No podemos saber con exactitud cómo serían esas experiencias de los que escribieron los evangelios, pero podemos interpretar en este sentido lo que nos dicen. Y lo podremos "confirmar" en la medida en que en nuestra propia vivencia descubramos inseparables nuestra inserción en el Resucitado y nuestra vinculación con los demás en una sola unidad.-

    ResponderBorrar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...

Para empezar…

…comparto la homilía de hoy, domingo de Pascua, tal y como salió de la reflexión comunitaria. La notarán (los que compartimos la misa), distinta de la que prediqué). Domingo de Pascua, marzo 27, 2005. Lect.: Hech 10: 34 a. 37 – 41; Col 3: 1 – 4; Jn 20: 1 – 8 1. Durante varios domingos, en cuaresma, leímos textos que iban más allá de unas narraciones de milagros, que sucedieron a otras personas en tiempos de Jesús, para expresar simbólicamente algo que tiene lugar en la vida de cada uno de nosotros. Nos hablaban de la recuperación de la vista del ciego de nacimiento, para decirnos que nosotros también podemos pasar por una experiencia de iluminación en esta vida. Nos hablaban de una fuente de agua viva en nuestro corazón que Jesús nos prometía a cada uno de nosotros simbolizados en la samaritana. Y nos hablaban de una resurrección que, según Jesús le dice a Marta la hermana de Lázaro, es una experiencia que se nos ofrece para experimentar, no al final de los tiempos, después de la muer...