17 febrero, 2013

1er domingo de cuaresma


1er domingo de cuaresma,
Lect.:  Deut 26, 4-10;  Rom 10, 8-13;  Lc 4, 1-13
  1. Si hay algo en lo que nos igualamos los seres humanos, al menos los adultos, es en que la vida de ninguno de nosotros está exenta de conflictos. Grandes y pequeños. Profundos y superficiales. Con los demás y, cosa curiosa, con nosotros mismos. Un conflicto se da cuando se produce un choque de intereses, de visiones que, en el momento de actuar, nos presentan la posibilidad de hacerlo de manera diferente, en un sentido o en otro. Uno tiene que tomar una decisión pero el problema está en que, al decidirse por una opción, se genera algún tipo de choque, de problema al renunciar a la otra opción posible.
  2. Los conflictos se nos presentan en las situaciones más cotidianas. Puedo usar mi tiempo libre para ayudar a un vecino o familiar con problemas. O puedo usarlo para descansar después de una semana de fatiga. Puedo orientar mi trabajo profesional solo para acumular plata y prestigio, o puedo hacerlo, para cubrir mi supervivencia y la de mi familia y, además, ser útil a las necesidades de otros. Puedo aceptar en una conversación con amigos o conocidos la parte de razón o verdad que tienen sus opiniones, o puedo tratar de imponer mi visión de las cosas, dado que he dedicado mucho tiempo a reflexionarlo y la creo acertada. Los ejemplos son muchos. Y en todos ellos, hay conflicto por el choque de opciones y porque, sea cual sea el camino que tome, quedará con frecuencia una sensación de pérdida por no haber escogido la alternativa.
  3. El relato de Lc que se conoce como el de "las tentaciones de Jesús en el desierto", es una manera de presentar en síntesis este rasgo de toda la vida de Jesus y no de hablar de un solo momento de esta. Quiere decirnos que, después de que en el bautismo de Jesús él descubre por dónde va su misión al servicio del Reino, el mismo Espíritu de Dios lo empuja al desierto, donde se encuentra con Satán,  el "adversario"" es decir, el mismo Espíritu le hace experimentar el escenario de su misión como una permanente situación de conflictos y de pruebas. Como hijo del hombre, como ser humano pleno, Jesús, vivirá el encuentro con Dios en un modo de vida que genera choques, incertidumbres, y exige decisiones que conllevan un costo.
  4. La espiritualidad que estamos llamados a vivir los cristianos no es diferente de esos rasgos que caracterizaron la vida de Jesús. A veces se piensa que el "buen cristiano" está por encima de todo conflicto, de todo choque; o que la oración y los sacramentos lo hacen tan bueno a uno, que nos va a ser fácil llevarnos bien con todos, con nuestro jefe en el trabajo, aceptándole todo para poder tener ascensos, o con nuestra pareja que, a lo mejor está más obsesionado con el estatus social que con una educación ética para los hijos,  o con los colegas que nos proponen un negocio que va a generar plata fácil. Pero esa imagen idealizada del buen cristiano es una caricatura. Los múltiples conflictos, pruebas y enfrentamientos que atraviesan la vida de Jesús nos muestran que en él el encuentro pleno con Dios y el encuentro consigo mismo  se daban en cada uno de esos momentos difíciles y no solo en los de oración, paz y tranquilidad. Probablemente, las comunidades de Lc y Mt en donde se escribió este texto, tenían problema para entender estas dimensiones difíciles de la vida de Jesús y seguían soñando con una visión más triunfalista, más tranquila, más exitosa, de la misión del Maestro. Y, por tanto, una visión más oportunista y utilitarista de lo que significaba seguirle. La cuaresma solo es un período que nos da la oportunidad de reflexionar en esta característica de la dinámica de la vida humana.Ω

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