19 julio, 2009

16o domingo tiempo ordinario

16º domingo t.o., 19 jul. 09

Lect.: Jer 23: 1 – 6; Ef 2: 13 – 18; Mc 6: 30 – 34


1. La escena que narra Mc es tan cotidiana que puede pasar inadvertida. Podría quedar como una mera introducción a la multiplicación de los panes, del próximo domingo. Sin embargo, nos abre un maravilloso panorama sobre lo que es para Jesús la vida religiosa, la vida espiritual y, en definitiva, la vida humana. La escena es de lo más corriente: los discípulos regresan de una de sus primeras correrías apostólicas, contentos de lo que hicieron, abrumados de las exigencias de la gente que no les deja tiempo ni para comer. Y con gran comprensión los invita a tomarse un rato aparte, para descansar. Pero él mismo no puede dar el ejemplo, porque al desembarcar lo rodea una gran muchedumbre y entonces, dice Mc, Jesús siente por ellos una gran compasión, porque los ve como ovejas sin pastor. ¿Cómo puede ver Jesús así a la gente? Tendríamos que extrañarnos de esta afirmación sabiendo que aquel pueblo judío era muy religioso, que giraba su vida en torno al Templo, que escuchaba la Escritura en sus sinagogas, que contaba con maestros de la Ley y con centenares de sacerdotes. Entonces, ¿por qué se atreve a decir Jesús que andan como ovejas sin pastor?

2. De manera constante, ya los profetas habían criticado duramente a la religión de Israel por haberse convertido en una institución que vivía para sí misma, para los intereses económicos y políticos de sus poderosos sacerdotes y por haberse olvidado de priorizar las necesidades del pueblo. En la misma lectura 1ª de hoy Jer en nombre de Dios lanza esa queja y amenaza por los pastores que dispersan y dejan perecer a las ovejas del pueblo. Otros textos proféticos son todavía más fuertes y radicales: Ez (c.34) advierte contra los pastores que en vez de cuidar al rebaño, lo explotan comiéndose su cuajada, vistiéndose con su lana. Y Zaca denuncia a los que en vez de preocuparse por los problemas del pueblo les cuentan cuentos y falsos sueños para mantenerlos consolados. Es a este tipo de religión a la que Jesús también critica y se opone y por la cual considera que quienes viven en esas prácticas religiosas son como ovejas sin pastor.

3. Por eso cuando Mc nos dice que Jesús miró a aquella gente con compasión, no está diciendo que tuvo un gesto de lástima, algo emocional ante una situación pasajera. Más allá de eso está diciéndonos que la verdadera religión, la verdadera espiritualidad que él mismo vive, es la espiritualidad de la compasión, la que ha hecho girar toda la vida propia en torno al convencimiento profundo de que hay que ser compasivos como nuestro Padre del cielo es compasivo (Lc 6:36). En esto consiste participar de la misma vida, de los mismos sentimientos de Dios. En muchas parábolas Jesús insistirá en lo esencial que es la compasión para definir la vida humana constructiva, fecunda, fraterna. Recordemos la del hijo pródigo, la del fariseo y publicano, la de la oveja perdida y, en particular, la del buen samaritano. En todas se destaca la figura del padre amoroso y compasivo que no anda verificando en primer lugar nuestras cualidades ni nuestra ortodoxia doctrinal, sino que por encima de todo se identifica plenamente con nuestra debilidad y desamparo. En todas ellas se subraya que cualquiera de nosotros como ser humano existimos solamente gracias a la compasión de Dios y de nuestros semejantes y que por eso, la actitud más coherente que debería brotarnos es la de ser también compasivos con los demás. Esta es la verdadera religión, la espiritualidad profunda.

4. A la luz de esta buena noticia, permítanme referirme a un problema humano que nos tiene afligidos a todos en Centroamérica la tragedia del golpe de estado en Honduras. Uno puede discutir del problema desde el punto de vista legal, político o histórico. Pueden sacarse argumentos para criticar a unos o a otros. Pero lo que nos corresponde en primer lugar como cristianos es mirar con profunda compasión al pueblo hondureño. Ver su sufrimiento como uno de los pueblos más sufridos de A. L., donde la pobreza extrema alcanza el 36%, la total el 58% y esa pobreza tiene lugar en medio de una grandísima concentración de riqueza en manos de unos pocos, lo que hace de Honduras uno de los países más inequitativos de la región. ¿Qué sentido tiene apegarse a hablar solo de legalidad en un país con estos índices, donde el analfabetismo supera el 20%, la mortalidad infantil el 23 por mil, y la desnutrición y el SIDA se extienden rápidamente? (Para no hablar del crimen, corrupción policial, violaciones de DDHH y del narco). La compasión evangélica nos debe llevar a identificarnos con ese pueblo, a ser solidarios con ellos en la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Eso es parte de la religión verdadera.Ω

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