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4ª semana de :cuaresma: ¿RENUNCIAR A LO QUE NOS DA SEGURIDAD?

Lect,:  primer libro de Samuel 16,1b.6-7.10-13a; Efesios 5,8-14; Juan 9,1.6-9.13-17.34-38


  1.  Para la experiencia de la comunidad Joánica resultaba apropiado que la figura de un ciego de nacimiento la simbolizara. Sentían que habían vivido en la ceguera hasta que se toparon con quien penetró en ellos como luz del mundo. El inicio de esa iluminación les hace enfrentarse ya con las formas tradicionales como habían vivido hasta entonces su religiosidad. La luz que descubren en Cristo les permite adquirir una nueva perspectiva para entender la acción de Dios y entenderse a sí mismos. Se abre en ellos una nueva conciencia que, entre otras cosas, les conduce a superar el miedo a quebrar la ley como guía de su comportamiento, así como el temor a ser expulsados de la Sinagoga como,  en efecto, lo fueron. Y dan pasos hacia la fe en aquel que les ha librado de las tinieblas, el Hijo del Hombre.
  2.  La representación simbólica de este proceso de transformación de esta comunidad de discípulos de Juan, por medio de un relato de curación de un ciego de nacimiento, da cuenta de la enorme dificultad que pudo significar para ellos este proceso de transformación. Podemos pensar que en nuestro tiempo y en nosotros mismos, un cambio en la manera de entender la vida y los valores que la orientan no resulta tampoco fácil. Lo “normal” es no atreverse a franquear lo que que hemos aprendido a ver como límites de muestras capacidades humanas, o de lo  permiten las leyes y tradiciones heredadas. Lo “normal” es vivir apegados a “lo de siempre” porque nos da seguridad para mantener nuestra posición social, económica y política. O, simplemente, porque nos da seguridad psicológica. 
  3.  Pero Jesús enseña, en su propia práctica, que el “camino, la verdad y la vida” que él mismo es, en tanto que es un camino hacia el redescubrimiento de Dios en nosotros,  es de continua expansión y trascendencia. Y, por lo mismo, no nos debe asustar ni extrañar que seguirlo suponga renuncias incluso a aquello a lo que hemos considerado como “bastones seguros” que nos han permitido movernos sin tropezar en nuestra ceguera. Ω

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