Ir al contenido principal

31º domingo t.o. ¿PUEDEN SER CRISTIANOS LOS RICOS?

Lect.. Sb 11, 22. 12,2: 2Tes 1,11-2, 2; Lc 19: 1 -10


1. Podemos preguntarnos qué hace un hombre rico y con un puesto importante de funcionario, jugando un papel protagónico en este texto de Lucas. Tiene que sorprendernos porque sabemos que este evangelista es conocido como evangelista de los pobres y de la misericordia. La respuesta a nuestra inquietud va a salir de la lectura cuidadosa del pasaje. Pero antes hay que hacer ver que probablemente ese mismo interrogante ya estaba extendido en los momentos en que se redacta este texto. Probablemente el autor se vio motivado a introducirlo tras constatar la preocupación y quizás el desconcierto de muchos en las primeras comunidades cuando veían que algunos de los que se acercan a Jesús vienen de grupos   adinerados e incluso ligados al poder financiero.

2. Lucas, retoma elementos de esta narración más antigua y los articula en el relato de Zaqueo intentando dejar claro, por un lado, que la presencia de cristianos ricos, o ricos cristianos, en efecto planteaba un problema a la conciencia de las primeras comunidades y así lo sentía  Zaqueo considerando su propio estatus. Lucas defiende entonces su presencia en la comunidad pero condicionada a que la búsqueda de Jesús y su seguimiento vayan inseparablemente unidos a su decisión de poner sus bienes al servicio de los demás y, en particular, de los más necesitados.

3. Queda confirmada esta interpretación con las frases de Jesús que ligan la salvación de Zaqueo y su declaración como hijo de Abraham a la práctica de compartir significativamente sus bienes. Precisamente, como lo hace ver Lucas al final del pasaje, lograr estos procesos de conversión, respaldados por sus actos, es el propósito de la venida del Hijo del Hombre. Nos recuerda la predicación de Juan el Bautista llamando, no simplemente a convertirse, sino a dar frutos de conversión. Ω


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...

Para empezar…

…comparto la homilía de hoy, domingo de Pascua, tal y como salió de la reflexión comunitaria. La notarán (los que compartimos la misa), distinta de la que prediqué). Domingo de Pascua, marzo 27, 2005. Lect.: Hech 10: 34 a. 37 – 41; Col 3: 1 – 4; Jn 20: 1 – 8 1. Durante varios domingos, en cuaresma, leímos textos que iban más allá de unas narraciones de milagros, que sucedieron a otras personas en tiempos de Jesús, para expresar simbólicamente algo que tiene lugar en la vida de cada uno de nosotros. Nos hablaban de la recuperación de la vista del ciego de nacimiento, para decirnos que nosotros también podemos pasar por una experiencia de iluminación en esta vida. Nos hablaban de una fuente de agua viva en nuestro corazón que Jesús nos prometía a cada uno de nosotros simbolizados en la samaritana. Y nos hablaban de una resurrección que, según Jesús le dice a Marta la hermana de Lázaro, es una experiencia que se nos ofrece para experimentar, no al final de los tiempos, después de la muer...