10 septiembre, 2017

23º domingo t.o. El amor no contradice, va más allá de la justicia

Lect.: Ezequiel 33:7-9; Romanos 13:8-10; Mateo 18:15-20

  1. Estamos acostumbrados a que las enseñanzas de los evangelios, la mayor parte de las veces, se nos transmitan y las asimilemos examinando los contenidos del relato o pasaje correspondiente. Pero hay otra perspectiva interesante a la hora de leer e interpretar los evangelios, de la que también podemos aprender mucho, aunque no suele abordarse así. Es complementaria de la anterior y trata de ubicar el relato o mensaje haciendo referencia a la forma como fueron escritos estos textos. Dicho de otra manera, a factores que incidieron en el planteamiento que hace el redactor. Muchas cosas pueden aprenderse de ese  tipo de perspectiva. Así sucede, por ejemplo, en el texto evangélico de hoy. Tendríamos que estar muy distraídos como para no caer en la cuenta de que en estos párrafos nos topamos con una abierta contradicción o incoherencia con las enseñanzas del evangelista en otras partes de su propio libro. Hoy nos habla, prácticamente, de un proceso “judicial –eclesiástico”,  armado a raíz de un hecho negativo, sucedido en la comunidad, reprobable, sin duda, pero cotidiano y normal en cualquier comunidad religiosa o no, como es el choque entre dos hermanos, por el daño causado por uno de ellos sobre el otro.
  2. La incoherencia la podemos descubrir fácilmente —y si no solemos verla es porque quizás hemos “sacralizado” de tal manera estas Escrituras, que olvidamos que sus autores son seres humanos, que no siempre somos coherentes en las diversas expresiones y discursos que pronunciamos. Es inevitable preguntarse, ¿Cómo compaginar estas rígidas prescripciones del proceso con otras enseñanzas del mismo Mateo que van más bien en la línea del perdón, de la superioridad del amor. Apenas unos versículos después del texto de hoy hay otro en que Jesús le dice a Pedro que debe de perdonar hasta setenta veces siete, es decir, siempre y, a ese propósito, narra la parábola del “deudor implacable” (Mt 18: 21-35) en donde resalta el nuevo orden de misericordia y compasión que se inaugura con Cristo. Destaca ahí una reprimenda que evoca lo que dirá el Padre Celestial cuando no sepamos perdonar a quien nos ofende: ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?"  En cuanto al juicio sobre el comportamiento de los hermanos, el inicio del cap. 7 (Mt 7: 1 – 3) es categórico: “No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? La verdadera ley de vida de la comunidad no es la ley de la exclusión, sino del perdón, fruto del amor. En el mismo capítulo 18, antes del pasaje de hoy recalca que “el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que estaba perdido”y lo ilustra con la comparación del hombre que tiene 100 ovejas y una de ellas se pierde, “¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños”.  
  3. Además, en la visión mateana, como lo hemos visto hace pocos domingos,  en la parábola del trigo y la mala hierba, la comunidad cristiana, la Iglesia, es un lugar donde estarán juntos el bien y  el mal hasta el día del juicio (13, 37-43 49s, 22, 11-14.  De forma más precisa, como lo dijimos en su momento, en cada uno de nosotros, miembros de la comunidad, el mal y el bien coexistirán hasta el final.  Tal pareciera, entonces que en el caso de este domingo el texto evangélico se distancia de estas otras enseñanzas o, simplemente, las contradice. ¿O cómo debemos entenderlo?
  4. Entre diversas explicaciones de estudiosos bíblicos, hay una que me convence más y que da lugar a la siguiente reflexión. Pienso que con esta tensión entre posiciones contradictorias se nos transmite una enseñanza  valiosa para nuestra propia vivencia en el evangelio, 21  siglos después.  Unas y otras posiciones, las rígidas y las compasivas existían, no pueden negarse, todas están a lo largo del texto del escrito de Mateo. Pienso, sin embargo, que más que reflejar posiciones originales del propio Jesús, se trata de posiciones de la comunidad mateana. Esta era una comunidad judeo-cristiana, es decir, de judíos conversos al naciente movimiento cristiano. En esos primeros momentos se encuentra en una situación muy difícil. Por una parte, quieren ser fieles a la Alianza establecida con Yavé – Dios, a su Ley y a las tradiciones de sus ancestros. Y, por otra, se ven desbordados en sus prácticas tradicionales del Antiguo Testamento, ante el testimonio de amor y misericordia de Dios manifestados en Jesús de Nazaret. No saben, porque no es fácil, cómo armonizar ambos extremos.  El tiempo pasará, y acabará predominando la fuerza de la Buena Noticia de misericordia y amor de Jesús. Lo atestigua la segunda lectura de la liturgia de hoy, de la carta de Pablo a los Romanos, donde el Apóstol afirma, sin ambajes, “el que ama al prójimo, ha cumplido la ley” y “La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud”.  Leyendo ya el conjunto de Mateo, cobran más peso las afirmaciones que van en esta línea, por encima de las fundamentalistas judaizantes. Acaban imponiéndose, pero no sin dejar trazas de esas tensiones, y de contradicciones, en torno a cómo interpretar la vida de Jesús de Nazaret, como reinterpretar el Antiguo Testamento y cómo aplicar la enseñanza a su propia vida.
  5. Tenemos aquí una gran lección para nosotros católicos cristianos del siglo XXI, que, en una época de enorme cambio social y cultural, podemos sentirnos prensados también, entre interpretaciones rígidas, legalistas, apegadas a formas de vivir lo religioso heredadas de situaciones de otras épocas, cuando fueron valiosas,  y el mensaje refrescante, de actualidad, de gran autenticidad y amor evangélico de alguien como el papa Francisco. Todavía hoy, el Papa en visita a Colombia contemplando de cerca tantas víctimas de la violencia, ha manifestado:“Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente.”  Francisco continúa firme en “rezar por la justicia y no la venganza, por la reparación en la verdad y no el olvido”.
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  7. A algunos sectores católicos puede meterse el temor de la infidelidad, a dudar si nos estamos rindiendo ante la influencia de una nueva sociedad secularizada, laica.  Para otros, se trata más bien de la exigencia del cambio de formas y de expresiones en la formulación de nuestra fe y, sobre todo, de prácticas anacrónicas, que ya no caben en una sociedad pluralista y multicultural. Por eso, del texto de hoy que nos transmite las tensiones en que vivieron las primeras comunidades, en particular las de Mateo, podemos aprender a tomar nuestras propias tensiones como algo normal de siempre en el proceso de inculturación de la vida cristiana. Aprendemos, también, que en cualquier discusión y situación entre posiciones opuestas de cristianos, hay criterios que deben prevalecer sin discusión, como son el amor y la misericordia,  y la superioridad del desatar sobre el atar.  Y, en definitiva, aprender que, igual como se les pidió a las primeras comunidades, también nosotros debemos resolver nuestros conflictos y diferencias siempre en un marco y práctica de oración comunitaria, a sabiendas de que es en la oración, cuando dos o más nos reunimos en su nombre, donde se garantiza la presencia de Cristo en la comunidad. En la oración se nos enseña a ejercer la autoridad, la práctica de la ley y el ejercicio del perdón. Sin duda que, inspirados por el Espíritu de Jesús aprenderemos a superar las tensiones y contradicciones entre interpretaciones diversas.Ω

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