24 septiembre, 2017

25º domingo t.o. Las raíces de la solidaridad

Lect.: Isaías 55:6-9; Filipenses 1:20-24, 27; Mateo 20:1-16

  1. Una situación como la que describe el texto de hoy de Mateo parece encontrarse a miles de kilómetros de distancia, de lugar y tiempo, de nuestra sociedad actual, en particular en Costa Rica. Porque podemos pensar en casos de algunos empresarios injustos que no pagan salarios mínimos o las obligaciones del Seguro (en 2011 se estimaba una cantidad de alrededor de 220 mil trabajadores, afectados en diverso porcentaje de sustracción de las cantidades que les corresponden por ley). Pero, ni por asomo, podemos imaginarnos un patrono que decida pagar a unos trabajadores mucho más de lo que merecen, más de las horas trabajadas, marcadas por tarjeta o por otro medio. Entonces, ¿qué relación tiene esta parábola con nuestro mundo y nuestros problemas? Bastante más de lo que se nos ocurre de primera entrada. Veamos un ejemplo.
  2. Hace poco tiempo, a propósito de la crisis de fondos del régimen de pensiones de invalidez, vejez y muerte, volvió a ponerse sobre la mesa el orgullo que es para Costa Rica poder contar con un sistema de seguridad de salud que garantiza, por medio de la CCSS, servicios universales y solidarios. Claro que como sucede en circunstancias de crisis, también salen a flote críticas de algunos grupos, generalmente de gente muy acomodada, que aprovecha para cuestionar ese sistema de aseguramiento de la salud pública y a lanzar cuestionamientos sobre por qué los patronos y el Estado deben asumir lo que ellos llaman “cargas” sociales para cubrir servicios de salud de los trabajadores de menores ingresos. Incluso algunos basan su crítica en que estas obligaciones solidarias de la sociedad civil, ponen a Costa Rica en desventaja para competir, frente a otros países que carecen de esta protección para los trabajadores y por eso les sale más barata la mano de obra y pueden ofrecer sus productos a precios más “atractivos”.
  3. Ciertamente, otros muchos países carecen de un Seguro Social como el nuestro. No solo el resto de los centroamericanos (excepto Panamá, si la unimos a nuestra región) sino, también, incluso un país al que suele idealizársele mucho, los Estados Unidos de América. A los EE.UU le ha costado décadas de discusión y lucha  para empezar a superar la situación de desprotección en materia de salud, en que desde siempre se encuentra sumido un alto porcentaje de la población. (En el 2013, 44 millones de estadounidenses se quedaron sin seguro médico (cerca del 16% de la población total). La mayoría de los no asegurados eran familias trabajadoras y otros que simplemente no pudieron pagar un seguro médico. El presidente Obama logró modificar la legislación para cubrir a más de 20 millones de personas entre los muchos más que carecían de protección, pero el actual presidente Trump, aunque nos llame la atención, está intentando desmantelar el programa establecido por el gobierno de Obama.
  4. ¿Por qué vemos una relación entre estas situaciones de CR y de EE.UU  con el texto evangélico que acabamos de leer?  En la parábola de hoy se nos está hablando es de la reacción de unos trabajadores contratados para una jornada, que se indignan por la actitud del propietario que los contrató, porque decide pagar la jornada completa a quienes solo trabajaron una hora, al final del día (por cierto, sin culpa suya, sino porque eran desempleados a los que nadie los contrataba). Esta la parábola de hoy nos recuerda también otra, la del hijo pródigo, en la que el hijo mayor se indigna por la acogida que el papá hace al hijo menor, mal portado, que se había ido de casa y despilfarrado su parte de la herencia paterna. Por debajo de estas reacciones, de ambos relatos, lo que podemos descubrir es la denuncia evangélica de actitudes egoístas y mezquinas de personas y grupos que, como sugiere Mateo, no se alegran de que, al menos, parte del bienestar del que disfrutan  pueda extenderse a otra gente, menos favorecida,  empobrecida y marginada.
  5. Habitualmente hay dos formas que tienen los países de organizarse para resolver los problemas de salud, educación, empleo y alimentación de la población. Una es dejando que las personas y familias se las agencien por sí mismas, confiados en la dinámica de la economía (lo que llaman la “dinámica del mercado”) para resolver sus problemas, aunque en realidad muchos no están en igualdad de condiciones ante esa dinámica, porque no gozan ni de recursos, ni  de empleo, ni de otras condiciones que les facilite su participación favorable en la actividad económica y puedan tener movilidad social. Otra es, partiendo del hecho de que todas las personas, independientemente de la clase social en que nacimos, del género al que nos identifica, de nuestro origen étnico, somos igualmente seres humanos, con iguales derechos a vivir y a tener condiciones para un nivel de vida decente y digna (Derecho al trabajo, a la salud, a la educación, al agua, a la vivienda…) Y que estos derechos y esas condiciones de ejercerlos tienen que ser garantizados por la sociedad en su conjunto, es decir, por todos nosotros, utilizando  como instrumento de nuestra solidaridad las políticas del gobierno. Desde esta segunda posición se considera que un país como el nuestro  tiene que organizar sus gastos públicos, conforme a prioridades de los derechos humanos y no por presión de meros intereses lucrativos de los grupos más poderosos. Es decir, el principal destino de los dineros públicos debe ser siempre el de crear condiciones que  garanticen a todos una existencia digna, gracias a programas que, de hecho, implican una redistribución más democrática de los ingresos y, de esa manera, fortalecer la democracia económica y política del país.
  6. Salvando las distancias de tiempo y lugar, y considerando el fondo del mensaje de Mateo, podemos decir que este tipo de solidaridad es el que el propietario en la parábola de hoy esperaba que tuvieran los primeros contratados con los que llegaron al final. Como el evangelista dice que “el Reino de los Cielos es semejante a este propietario”, podemos interpretar que se nos pide construir una sociedad y una Iglesia que se identifiquen con el espíritu y valores de este reino de Dios. Como lo vemos, es una perspectiva que supera los meros legalismos, y que incluso va más allá de la lucha por la justicia, porque busca establecer un nuevo orden de relaciones que se construya sobre la conciencia de que todo lo que somos y tenemos es fruto de la gratuidad y generosidad de Dios, como nos lo atestigua nuestra propia experiencia. De ahí se deriva nuestro comportamiento solidario.
  7. Es la solidaridad que, en la situación social y económica de hoy día, el evangelio nos pide también, en particular a quienes hemos logrado niveles de vida aceptables, para que quienes no los tienen puedan alcanzarlos. Y entonces el llamado de Jesús para nosotros, cristianos, está motivado no solo en invocar el debido respeto a los derechos humanos que todos tenemos para una vida digna —lo cual es, por supuesto muy importante—, sino, además, en tener claro que si todos participamos de la vida de un Dios que es bondad, y generosidad gratuita para todos, esto debe manifestarse en nuestra práctica y compromiso cotidianos.Ω

1 comentario:

  1. Muy atinado el desarrollo del tema para la realidad que vivimos hoy en día. Una sociedad muy dividida en las condiciones económicas, en dónde los que más poder de adquisición tengan son privilegiados (miembros VIP de la sociedad). Y al ver su comentario respecto a la charla de "espiritualidad", podemos observar un excelente ejemplo de hasta dónde y cómo se observa cómo las divisiones han llegado o inician. Me pregunto: ¿en sermón del monte de los olivos se dispuso acomodar a las personas por su poder adquisitivo?, me parece que no. Inclusive, ¿el mensaje que se desea transmitir será diferente a raíz de la ubicación de las personas y del costo monetario?. O será ¿que el costo se basa en la cercanía del espectador respecto al emisor del mensaje?, porque en ese caso se está dando más importancia al emisor que al mensaje. Son muchas las posibles interrogantes que uno podría formular, pero me parece que lo importante es hacer recapacitar y sobretodo hacer las correcciones necesarias para ir derribando "muros" desde lo interno de la iglesia y fomentar la igualdad entre todos sus miembros. Saludos y excelente su blog.

    ResponderEliminar