01 enero, 2017

Fiesta de la maternidad de María: reconocer la ternura maternal de Dios en el amor de una mujer madre.

Lect.: Núm 6:22-27; Gál 4:4-7; Lucas 2:16-21


  1. Dos afirmaciones destacan, para mí,  en las lecturas de hoy: la primera, cuando Lucas dice: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”. Se refiere a lo que cuentan los pastores sobre el mensaje del ángel que habían escuchado.  Y la otra frase, la de Pablo, en la carta a los Gálatas: “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer.” ¿Qué tienen de especial estas afirmaciones? En relación a ambas el Papa Francisco ha hecho unos bellos y profundos comentarios en su homilía de la misa de hoy. Voy a citar solo uno de los párrafos, al tiempo que les recomiendo a Uds. leer la homilía completa (verla en el enlace http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2017/documents/papa-francesco_20170101_omelia-giornata-mondiale-pace.html ). (Contra lo que dicen algunos de sus críticos católicos internos, —incluso algún cardenal—, en las homilías y otro documentos de Francisco sí puede descubrirse una gran solidez teológica y, al mismo tiempo, un gran sentido pastoral de su teología, conectándola con la vida. No son elucubraciones abstractas doctrinales, de profesor o de libro).  Así, en el caso de este domingo, dice el Papa: “Lejos de querer entender o adueñarse de la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su Pueblo. Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia. Aprendió a ser madre y, en ese aprendizaje, le regaló a Jesús la hermosa experiencia de saberse Hijo. En María, el Verbo Eterno no sólo se hizo carne sino que aprendió a reconocer la ternura maternal de Dios. Con María, el Niño-Dios aprendió a escuchar los anhelos, las angustias, los gozos y las esperanzas del Pueblo de la promesa. Con ella se descubrió a sí mismo Hijo del santo Pueblo fiel de Dios.
  2. Sin duda una reflexión muy hermosa, muy humana y sugerente. Que tiene mucho que expresar, en particular  a las mamás y a las embarazadas. No habría nada que agregarle pero vale la pena subrayar varias cosas. En primer lugar, que aunque en ese momento y probablemente por largo tiempo, María no entendía todavía todo el sentido de la vida de Jesús, sin embargo, guardaba en su corazón con actitud de fe los hechos que presenciaba. Recuérdese más explícitamente en el evangelio de Marcos 3: 21, donde, muchos años después, María está con los otros parientes de su hijo que lo van a buscar para llevarlo a la casa pensando que no estaba en sus cabales. Lucas, de otra manera, enfatiza que María, respecto a Jesús, no es su comprensión de la misión trascendente, sino es su gran fe lo que la caracteriza. Ella es “la que ha creído” (Lc 1: 45). Es, con esa actitud de confianza , que aprendió a escuchar el palpitar de Dios en la historia humana: aprendió a leer progresivamente la palabra de Dios en los acontecimientos humanos. Es una maravillosa forma de decirnos cómo, nosotros mismos, tampoco podemos aprender el mensaje evangélico de un solo golpe, ni reverenciando enseñanzas de teólogos en los libros, sino como María, poco a poco, escuchando los anhelos, las angustias, los gozos y las esperanzas del Pueblo.
  3. El otro hermoso comentario de Francisco nos hace ver que en María Jesús “aprendió a reconocer la ternura maternal de Dios” y fue desarrollando así su sensibilidad para percibir esas alegrías, sufrimientos y esperanzas del pueblo. Es otra manera, particular y concreta como se puede entender que el Hijo de Dios se fue haciendo carne, y se fueron haciendo plenas su sensibilidad y su condición humana. Y añade el Papa: “María con su maternidad nos muestra que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, nos enseña que no es necesario maltratar a otros para sentirse importantes”.
  4. Tenemos la costumbre y tradición de volver la mirada a María para buscar su protección y sin duda que esa práctica piadosa está bien pero, quizás,  pasamos por alto lo que estas lecturas y este comentario de Francisco destacan hoy: que al celebrar la maternidad de María reconocemos en ella, hombres y mujeres por igual, dimensiones claves de nuestra vida humana, como la de ser capaces  de dar  “incluso en los peores momentos, … testimonio de la ternura, de la entrega incondicional, de la fuerza de la esperanza.“ Probablemente porque así lo captó el pueblo creyente desde hace siglos, esta fiesta de la maternidad de María es la más antigua fiesta mariana, anterior a toda otra celebración que se hiciera de María. Esa imagen de María madre y esa enseñanza que deduce el Papa Francisco, y que culminan esta semana de celebración de la Navidad, nos permite a Uds. y a mí, iniciar este 2017 con el corazón lleno de alegría y esperanza, sabiendo que también nosotros podemos desarrollar nuestra sensibilidad respecto a los sufrimientos y alegrías de nuestros semejantes y de la naturaleza, y nuestra capacidad para escuchar en ellos el palpitar de Dios en la historia”, aún en medio de todos los problemas que aquejan hoy día a nuestras sociedades.Ω

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