22 enero, 2017

3er domingo del t.o. Los orígenes de la misión de Jesús: al margen de la sociedad y religión oficial..

Lect.: Isaías 8:23–9:3; I Corintios 1:10-13, 17; Mateo 4:12-23


  1. Es muy importante leer siempre los textos evangélicos como si fuera la primera vez que los leemos, como si los estuviéramos descubriendo, leerlos y reflexionarlos despacio, fijándonos en detalles y lanzándonos todas las preguntas que nos vengan a la mente y al corazón. Incluyendo dudas y objeciones pero, ante todo, buscando aclaraciones. Si hiciéramos esto es probable que nos sorprenderíamos de lo que iríamos poco a poco encontrando. Tomemos por ejemplo el texto de Mateo de hoy. Sin duda que son muchas las veces que hemos leído que Jesús, después de su bautismo con Juan, y después del episodio de las tentaciones en el desierto, dejó al Bautista, “se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí.” ¿Y qué hay con eso?, me dirán Uds. ¿Qué importancia tiene que empezara su misión en Galilea y que cambiara de residencia?  Pues nos sorprenderá saber que tiene una enorme importancia para caracterizar quién era Jesús, qué era lo que quería y qué tipo de movimiento religioso fue el que inició.
  2. Para explicarlo de manera breve, Galilea, que es parte de la zona Norte de Israel, —limítrofe con el Líbano y Siria, precisamente hoy zonas muy afectadas por la guerra— era una región doblemente subestimada por el pueblo judío: por su pobreza y escaso desarrollo económico y por ser lugar fronterizo con territorios paganos, y haber estado sometida a un destierro que afectó mucho la ortodoxia de sus creencias. Quitando dos ciudades de súper lujo, Séforis y Tiberíades, que contrastaban con su entorno y que los evangelistas hacen ver que nunca pisó Jesús, el resto estaba salpicado de pequeños pueblos y aldeas de pescadores y campesinos. A estos es a los que Jesús anuncia la Buena Noticia del Reino de Dios. Es para ellos y con ellos que Jesús desarrolla su misión y de entre ellos provienen sus primeros discípulos. Siendo gente tan sencilla y ligada a labores artesanales humildes del campo y del mar, se comprende que Jesús les hablara siempre en parábolas, con comparaciones también sencillas tomadas de su ambiente de vida y trabajo que, probablemente, no le hubieran entendido en los medios de las clases altas, sacerdotal y política de Jerusalén. (Para colmos, los galileos tenían un acento y modismos muy llamativos, que contrastaban con el idioma oficial; por eso, la noche del juicio a Jesús, años más tarde, la sirvienta del Sumo Sacerdote, reconoce a Pedro, en el patio del Palacio, “por su acento galileo” y los demás le acusan, precisamente, de ser también galileo (Mc 14: 66 -70), lo cual amedrenta a Pedro).
  3. Dice Mateo en el texto de hoy, aplicando la profecía de Isaías que escuchamos también en la primera lectura, que “El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido”. Se refiere sin duda a Galilea, considerada como una región de oscuridad y muerte, por esas características sociales y religiosas que hemos mencionado. Pero el evangelista quiere destacar que es en esa zona oscura y pobre, poco formada religiosamente, despreciada por los centros de poder, donde se ha manifestado la gran luz del Evangelio y desde donde ha de salir el mensaje de Jesús para el resto de Israel y el resto de los pueblos.
  4. Recordar entonces que Jesús era Galileo, que elige Galilea para su misión, y que eran galileos sus primeros discípulos no es una mera anécdota, ni un detalle socio geográfico sin importancia. Es algo tan relevante que, años más tarde, Lucas cuando narra en el libro de los Hechos (10:37) la forma como Pedro anuncia, en casa del centurión Cornelio, en qué consistió la misión de Jesús, deja claro que “la cosa empezó en Galilea”. Marcos (1: 14–15), por su parte, de entrada dice que el anuncio de la Buena Noticia, y de que el tiempo se había cumplido, lo inicia Jesús en Galilea. Y no solo esa presentación del programa de Jesús, también para Marcos, la culminación de la actividad de Jesús se ha de dar en el mismo lugar donde se originó, en Galilea, tal como los ángeles en el sepulcro de lo dicen a las mujeres (Mc 16: 7). Mateo lo confirmará al narrar la gran misión, el envío de los apóstoles a todas las naciones, que la coloca teniendo lugar en Galilea (Mt 28: 16 -20).  Es una manera de caracterizar el mensaje y la intención de Jesús, a sus destinatarios principales y cuál es, para él, el espacio desde donde ha de entenderse y anunciarse la salvación, las buenas noticias del reino de Dios.  El sentido del Evangelio, como el de todo mensaje religioso o espiritual es a menudo, —por no decir siempre—, condicionado por el contexto cultural y socioeconómico desde el cual se escucha. Para captar su sentido originario, las buenas noticias del Reino de Dios no pueden  comprenderse desde la mirada de los poderosos, de los magnates, de quienes acumulan desigualmente con injusticia las riquezas y bienes del mundo, y secuestran el poder político, sino desde las necesidades y sufrimientos de los pobres, desde la identificación con los marginalizados social y religiosamente, como lo fueron los discípulos galileos. 
  5. Por eso, recordar todo esto es invitarnos a realizar un cambio, una conversión a un Reino que pone en cuestión el tipo de sociedad en que vivimos, con su desigualdad, discriminación, y afán de dominio de los grupos poderosos sobre las grandes mayorías del pueblo. Pero es también una manera de llamar la atención a la Iglesia, de pedirnos a quienes formamos parte de ella, en especial a la jerarquía, que examinemos nuestra fidelidad a ese Jesús galileo y a sus opciones. Se trata de un llamado a que la Iglesia vuelva a ser como la de los orígenes en Galilea, —a la que el Papa Francisco llama una “Iglesia de las periferias”, no a una “iglesia acomodada, aburguesada y clericalizada, de espiritualidad mundana”— . Para todos los cristianos y cristianas, para cualquiera de nosotros es una invitación a seguir los pasos de Jesús “proclamando la Buena Nueva del Reino y curando todo lo que enferma y causa dolor al  pueblo.”Ω

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