20 noviembre, 2016

34º domingo t.o. Fiesta de Cristo Rey, ¿un título adecuado para hablar de Jesús de Nazaret?

Lect.: II Samuel 5:1-3; Col 1:12-20; Lc 23:35-43

  1. Lo mínimo que podemos hacer, para que nuestra práctica religiosa cristiana  y nuestras devociones, sean “de adulto”, es comprender su sentido y el significado de muchas de las expresiones que utilizamos. Tal es el caso con este “título” que en la Iglesia se le aplica a Jesús de Nazaret, “Rey del Universo”, o simplemente “Cristo rey”. A fuerza de repetición y costumbre quizás ya no nos extraña. Quizás brota de un sentimiento de cariño y respeto por la figura del Maestro de Nazaret. Pero es importante tratar de entender lo que se quiere expresar al llamar a Jesús “Rey del Universo”. Para ello nos ayuda, como siempre, una perspectiva histórica. Para empezar, tener en cuenta que esta fiesta de la liturgia de hoy, surge no hace mucho, en 1925, durante el pontificado de Pío XI. El ambiente es de tensión política y social de la Iglesia respecto a los cambios que percibe en la sociedad. El Papa ve “calamidades que abruman y afligen al género humano” y las atribuye a que “la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado”. Establece, entonces, la fiesta de Cristo Rey para animar a los católicos a enfrentar al “moderno laicismo” que, negaba “el imperio de Cristo sobre todas las gentes… a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados.” Puede verse que la celebración tiene un tono combativo, de significación política desde el inicio. Esto replicará luego en conflictos socio políticos en Francia, España y México, donde el grito de “Viva Cristo Rey”, lamentablemente se convierte en un eslogan de movimientos radicales de derecha. El extremo, quizás, llega con  los “Guerrilleros de Cristo Rey” “grupo parapolicial de ideología ultraderechista que actuó en España principalmente durante la década de 1970", a los que no eran ajenos los medios violentos…  
  2. Con estos antecedentes es muy útil recordar varios textos evangélicos donde Jesús hace ver la inconveniencia de llamarlo Rey. El primero es el de las tentaciones. En la tercera tentación, Jesús rechaza, como tentación diabólica, la oferta de tener para sí todos los reinos del mundo. (Mt. 4:8).  En el segundo texto, narra Lucas una discusión entre los apóstoles sobre quién debía ser considerado como el más grande en el futuro reino de Dios. Jesús entonces les dice con toda claridad, (Lc 22 26)“: «Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor.” – En otro momento, dice Juan (6:15) que “Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo». Y entonces “Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña”.  Otro texto, muy conocido, también en Juan (18:37) es cuando Pilato llama a Jesús y le pregunta: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le respondió: «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?». Pilato explicó: «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho». Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí».  Pilato le dijo: «¿Entonces tú eres rey». Jesús respondió: «Tú dices que yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz». Finalmente es ampliamente conocida la expresión que cuelga de la parte superior del crucifijo,  “INRI”, por las siglas en latín, de “Jesucristo rey de los judíos”. Menos sabido que no se trataba de un título de alabanza sino de un texto que expresaba la acusación penal, inventada por los dirigentes judíos.
  3. En estos textos queda claro que Jesús realistamente, ni de forma remota podría ni quiso atribuirse a sí mismo el título de rey. Y lo confirma la lectura de todos los evangelios que, además, testimonian otra imagen de Jesús, que nada tiene que ver con el ejercicio del poder que evoca el título de rey.
  4. En cambio, lo que sí es una enseñanza indiscutible de los evangelios, es que Jesús, de manera directa, se presenta en acciones y palabras como el gran predicador del Reinado de Dios. En toda su predicación y enseñanza, el reinado de Dios es el objeto central de las parábolas. “El reino de Dios se parece a… “, es una frase característica que repite constantemente cuando enseña a sus discípulos y al pueblo. Pero el hecho de que hable de esa realidad que llama reinado de Dios solo con parábolas, con comparaciones, nos hace ver claramente que no está hablando de esa otra realidad terrenal, política, de ejercicio de poder que conocemos con el nombre de “reino”, presidida por alguien con el título de rey. Se comprende así que, en su diálogo con Pilato, le exprese algo que escapa a la comprensión del Procurados romano: “mi realeza no es de este mundo”, tiene que ver, más bien, con tener una vida que da testimonio de la verdad.
  5. Esa última cita nos hace ver que Jesús no es solo el predicador de una realidad nueva y distinta, —el reinado de Dios, entendido como formas de convivencia humana regidas por los valores evangélicos. Además de eso, Jesús, en toda su vida fue un realizador, un portador, de esos valores del reinado de Dios. De hecho, las bienaventuranzas, que pueden considerarse como la síntesis de esos valores del reinado de Dios, Jesús pudo enunciarlas, porque reflejaban su vivencia más profunda, eran la verdad de su vida.
  6. Aunque esta fiesta de hoy, nació en un momento de conflicto y confusión política de la historia, que ya no es el nuestro, puede servirnos, entonces para recordar precisamente a Jesús como predicador del reinado de Dios, y como realizador del mismo en su propia vida. Para nosotros, constituye una clara invitación a construir ese reinado, por medio de la práctica de los valores de convivencia fraterna, de libertad de todo apego y esclavitud, contenidos en las bienaventuranzas. Ω

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