09 marzo, 2014

1er domingo de cuaresma.

Lect.: Génesis 2,7-9; 3,1-7; Romanos 5,12-19; Mateo 4,1-11

  1. Con este texto, conocido como "las tentaciones de Jesús"—, Mt, igual que Mc y Lc, quieren presentar a sus comunidades una síntesis de lo que fue el reto permanente de Jesús, a lo largo de su vida y que va ser también el reto permanente de toda comunidad cristiana. Jesús, con su bautismo, empieza a cobrar conciencia de su vocación al servicio de una nueva manera de ser y de relacionarse los seres humanos, llamado el "reino de Dios". Empieza a comprometerse y a avanzar en esa dirección pero no por un camino llano y sin tropiezos. Todo el tiempo se verá asediado por fuerzas que lo empujan en otras direcciones, que lo incitan a construir la comunidad humana y la vida de las personas, no como “reinado de Dios”, sino bajo la conducción del dinero, del poder de dominación política e incluso por el poder de dominación religiosa. 
  2. Esas otras direcciones son las que los evangelistas presentan a sus comunidades y a cada uno de nosotros como advertencias de peligros a los que no hay que sucumbir. Pan, poder y milagros simbolizan en esta narración esos tres “poderes diabólicos” con los que Jesús y nosotros somos tentados. Evidentemente no se refiere a los bienes materiales como tales, sino a la idolatría de los mismos los que los convierten en poderes diabólicos. “Idolatría” es decir, hacer de la ganancia financiera, o del poder de dominación sobre los demás —política o religiosa—, el centro, lo más importante en la propia vida, al punto de subordinar todas las demás cosas a esos propósitos.  
  3. Para dar este mensaje Mt usa el lenguaje y modos de pensar de su época, —que puede sonar fantasioso, extraño— pero, al mismo tiempo, nos da pistas para saber cómo traducirlos. Con el contenido de cada tentación nos damos cuenta de que nos está hablando del "diablo" no como popularmente se le ve, como el "Cachudo", o el "Pizuicas" sino como esas tres principales fuerzas que se oponen a Dios, el poder político, el poder económico y el poder religioso, repito, no por lo que son en sí mismos, no porque sean malos, sino porque con frecuencia se distorsionan y se comportan de manera idolátrica, como dice a cada rato el papa Francisco. Se tiene una actitud idolátrica cuando se  olvida que el poder, los bienes materiales, incluso la religión no son un fin en sí mismos, —y mucho menos el valor supremo— sino que deben estar al servicio de las personas para que éstas sean más personas, más libres, más abiertas a la comunicación y al diálogo, expresión de la vida divina de la que somos gratuitamente partícipes
  4. Construir la sociedad a base de dominación y sometimiento de los seres humanos, permitiendo la acumulación desenfrenada del dinero, del poder político o religioso, priva a las personas, a las grandes mayorías, de la libertad para ser plenamente humanos. Este enfoque y esta práctica son los que Jesús rechaza. Su misión no usa nunca el anzuelo de prosperidad material, solucionando la necesidad  de pan, de manera clientelista, para ganar adeptos. Ni intenta la imposición de leyes y logro de orden público por la fuerza. Ni recurre a prácticas religiosas a base de hechos espectaculares para seducir irracionalmente a la gente, con seguidores sumisos y temerosos que no piensan. Todo esto lo rechaza Jesús.
  5. Y a cada tentación Jesús responde con la Palabra de Dios. La palabra de Dios es creadora de vida y libertad, como nos lo recuerda el relato de la creación de la primera lectura. El servicio al reino de Dios conlleva el esfuerzo para que la comunidad humana esté integrada por personas que cada vez sean más plenamente personas, libres, abiertas a la comunicación y al diálogo, expresión de la vida divina de la que somos gratuitamente partícipes. Orientar la vida a lograrlo, fue la misión de Jesús y es a lo que se nos invita a colaborar.
  6. Para los que queremos ser discípulos de Jesús, la superación del reto de esas tres tentaciones no puede ser distinta de la que practicó el  Maestro. Empezamos este tiempo de cuaresma para reflexionar y decidir cómo reorientar nuestra vida personal y familiar, nuestra vida laboral y nuestra proyección social y política sin caer en la triple trampa de esas “idolatrías”. No es una reflexión teórica, sino ligada a nuestra disposición al cambio, a nuestra conversión para renacer, recreados por la Palabra poderosa de Dios, a una vida nueva en la próxima Pascua.Ω

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