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Comentarios

  1. Anónimo4:45 p.m.

    Jorge, tu comentario es muy didáctico; el modo en que has ejemplificado con la experiencia de tu accidente cerebro vascular es muy esclarecedor; es sumamente significativo por deducirse de una experiencia vital tan sensible.

    Eso que dice Edwin de que debemos llevar algo adentro que nos haga explotar de amor hacia los demás me resulta clave y de lo más misterioso; ¿de dónde y por qué nos ha de venir ese motor generador de amor? (podemos generar también tantos otros sentimientos y motivaciones no precisamente amorosos); la “doctrina” nos da un poco de luz cuando nos dice que somos creados a imagen y semejanza de Dios (que es amor); la oración también me resulta un camino para conectarnos con Aquel que es la fuente de todo bien al igual que las lecturas que nos hablan de cómo es ese Amor, de cuál es su pedagogía; y en la medida en que podamos ir desarrollando nuestro sentido contemplativo, todo nos hablará de ese Bien que debemos iluminar a los demás.

    Pero como dice Jorge, no se trata de que asumamos un comportamiento protagónico (qué alivio); sino de ser facilitadores de luz, iluminadores … nada fácil tampoco.

    Jorge, también me alegro mucho de tu capacidad de lucha, de que estés firme en esta búsqueda y propuesta de cómo es que podemos ser “luz del mundo”.

    Un abrazo,

    Cris.

    Pd: Los santaluceños preguntan por vos y oramos por tu salud.

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