24 octubre, 2010

30 domingo tiempo ordinario

AUNQUE ESTE DOMINGO NO VOS A CELEBRAR EN SANTA LUCÍA, AQUÍ VA LA PREDICACIÓN CORRESPONDIENTE. NO SÉ SI UN POO MÁS COMPLEJA LA REDACCIÓN, AL NO TENER ENFRENTE A LA GENTE DE LA PARROQUIA.

30º domingo t.o., 24 de octubre 2010.
Lect.: Eclo 35: 15b – 17. 20- 22 a; 2ª Tim 4: 6-8. 16 – 18; Lc 18: 9: 14


1. No siempre es fácil acercarse a los textos evangélicos y sacar provecho para la propia vida espiritual. Los textos tienen, por decirlo así, como “capas“ diferentes, como una cebolla que hay que pelar. Y esto da lugar a diferentes lecturas, que pueden ser todas valiosas pero para distintos propósitos, momentos y lugares. Por ejemplo, uno puede ver el texto de Lc hoy solo desde el nivel de reconstrucción histórica, preguntándose quiénes eran los fariseos, quiénes los publicanos, cuál era el conflicto con unos y otros y así por el estilo. O bien, podemos leerlo muy condicionados por la predicación y la piedad moralizantes tradicionales, y quedarnos en alabanzas a la virtud de la humildad y en críticas a la prepotencia. No creo que esto encaje mucho con nuestra mentalidad más moderna. Por supuesto hay mas “capas” y más lecturas posibles. ¿Cómo podría ser una lectura respetuosa del texto y, al mismo tiempo, que interrogue a éste desde las necesidades espirituales de una persona de nuestra época? La pregunta queda abierta para reflexión, pero podemos esbozar un posible acercamiento en esta dirección.
2. Como lo hemos visto en otros domingos anteriores Jesús era un maestro espiritual que a la vez, y quizás por serlo, era profundamente crítico de la religión de su época y en concreto, de la de su pueblo, el judaísmo oficial del Templo. Para Jesús lo importante es el encuentro con Dios y la apertura a él —lo que llama llegada del reino de Dios. Un Dios a quien llama “Padre”, según la mentalidad de la época en que con esa palabra se expresaba la fuente, la raíz de la vida. Es decir, concebía su misión como la dedicación a ayudarnos a tener vida, no de cualquier forma, sino vida abundante y esto a partir de un nuevo nacimiento. Entre otras muchas criticas que podían hacerse a la religión establecida era, precisamente, que no conducía a ese encuentro con Dios ni a esa plenitud de vida. El templo, los sacerdotes, los estudiosos de la Ley habían construido un gran aparataje religioso, político y socio-económico que se levantaba como obstáculo, como intermediario opaco que no contribuía a que el pueblo sencillo experimentara a Dios y tuviera más vida. Era un aparataje que, por una parte, distraía de lo fundamental y, por otra, lo que hacía era servirse de las creencias de la gente, para crecer en poder político y económico.
3. En la parábola de hoy tanto el fariseo como el publicano son víctimas de esa distorsión de lo religioso. Los dos han aceptado construir sus prácticas religiosas sobre esa estructura sacerdotal y teológica. La diferencia es que el fariseo, por lo que fuera, ha tenido más éxito en cumplir con los mandamientos y en sentirse éticamente correcto. El publicano, en cambio, quizás por su propia condición social, no lo ha logrado y siente que su vida es un desastre, juzgada por las reglas de la religión dominante. Pero ninguno de los dos ha llegado todavía a descubrir y a experimentar que la plenitud, la abundancia de vida no procede de todas esas construcciones humanas, sino de la pura gratuidad de Dios. La ventaja para el publicano está en que su propia sensación de fracaso en cuanto a cumplimiento de las leyes del judaísmo le permite descubrir sus límites personales y los de esas instituciones. Está, por decirlo así, en el umbral, en el preámbulo para abrirse al crecimiento espiritual como don gratuito del amor de Dios. Aquí tenemos quizás una pista para vivir la eucaristía, la acción de gracias, como un momento también de reconocimiento de nuestros propios límites para alcanzar la plenitud humana, espiritual, y de apertura a la vida divina que en nosotros supera esos límites.Ω

3 comentarios:

  1. Es curioso, pero a veces me da la impresión que desde la óptica cristiana la lectura de esos relatos, especialmente cuando hay algún fariseo de por medio se hacen desde un pedestal moral nada positivo. Quizás es como un trampa producto de esa lectura moralizante, de la cual se cree estar por encima dado los siglos de "sabiduría religiosa" acumulados desde entonces.
    Lo otro que me llama la atención es rescatar el sentido crítico implícito en la experiencia espiritual de Jesús, ya que es inevitable para el o la que busca no criticar aquello que sirve de "referencia" espiritual, pero más bien de mala referencia. Y es que en esto el contexto social y la apropiación que hacen las clases dominantes incluso de lo moral, no solo de lo económico, sino que trasladan eso al ámbito de lo religioso para intentar imponer su hegemonía en lo que es bueno o es malo. Para ello hacen una construcción de lo religioso que pone una zancadilla a una vivencia profunda de lo auténticamente humano que se supone debería tener eso que entendemos por espiritualidad. Ser crítico no es un fin en sí mismo, como en el caso de Jesús, es un ejercicio de honestidad, primero consigo mismo y luego con los que le rodean. La búsqueda de ese Dios lo hace asumir actitudes respecto de esas prácticas, pero no para sentirse en "lo correcto" sino para ser fiel a sí mismo y a la búsqueda que lo habita.

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  2. Tienes razón Jorge, es muy dado a que la interpretación se quede en las apariencias, es decir en el analisis moralizante que hablas y que Oscar tambien comenta.
    En general, el discurso tradicional de los ultimos domingos, gira alrededor de la humildad vrs la soberbia. Con la conclusión clásica de acercarse a los sacramentos, entre ellos la confesión, para liberarse del pecado y abrir las puertas a la conversión.
    Me parece que, como nos decía un profesor en la Universidad al referirse a la economia neoclásica tradiconal, que se van por la finta y no puede o no intenta profundizar en el mensaje auténtico de Jesús, que como dices, era bastante crítico y provocador sobre la forma de vivir la espiritualidad en aquella época, intentando con ello llamar la atención sobre lo fundamental del asunto espiritual y no solo lo superficial del mismo. Ese mismo llamado de atención continúa siendo válido en nuestros días.

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  3. Agradezco y comparto los comentarios de Óscar y de Edwin. De acuerdo con Óscar en la importancia de ese "sentido crítico implícito en la experiencia espiritual de Jesús" y, como dice Edwin, en que Jesús intentaba llamar la atención sobre lo fundamental de la espiritualidad. Lo que quiero subrayar es que no es fácil ayudar a que mucha gente vea esto que está en el evangelio, pero que a veces no se capta por una lectura casi literalista del texto. Las reflexiones de la comunidad y del grupo de 3os sábados me ha ayudado mucho a ir agudizando la vista.

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