05 febrero, 2017

5º domingo t.o.: Ser "luz" y ser "sal" no son símbolos de interpretación arbitraria


Lect.: Isaías 58:7-10; I Corintios 2:1-5; Mateo 5:13-16

  1. En nuestra reflexión anterior afirmamos que Mateo propone el Sermón de la Montaña como un modo de vida realizable y no como algo solamente utópico, en el peor sentido,  sin posibilidad de concreción. Esta afirmación dio lugar a una interesante conversación (en Facebook, ya que, lamentablemente no se puede hacer “en vivo” en la celebración litúrgica o, al menos, a la salida de ésta). Lo que conversamos, empezó con la pregunta de una amiga que decía, “¿Que pasos prácticos implementar para vivir esa realidad? Intercambiamos ideas al respecto que pueden Uds. leer al pie de la reflexión. Es solo un comienzo de un tema que podríamos ampliar más. Pero hoy, el texto de Mateo da lugar a que nos planteemos otras preguntas: ¿Qué quiere decir “poner en práctica las Bienaventuranzas? Y, en definitiva, ¿Por qué hacerlo? Como en otras ocasiones, creo que resulta pedagógico empezar mencionando respuestas insuficientes o erróneas desde el punto de vista  del evangelista. Poner en práctica el estilo de vida impulsado por el Sermón del Monte implica que seremos capaces de concretarlo en acciones, en actividades propias de un modo de ser como el de Jesús. Pero, ¿qué queremos decir con esto? Pienso, en primer lugar, que hay que quitarse la idea de que esto lo hacemos “para lograr nuestra salvación individual”. Lo que hacemos, como lo hizo Jesús es, sobre todo, por los demás, para construir el Reino de Dios. Pero esto no quiere decir que lo que estamos llamados a hacer es a “cristianizar la sociedad”, en el sentido de imponerle a nuestras sociedades plurales leyes, por ejemplo, en educación y salud que se correspondan solo con una ética cristiana. Es una actitud relativamente frecuente hoy día, reflejada en casos como el de diputados de nuestra Asamblea Legislativa, cuando tratan de bloquear legislación en materia de educación sexual, o de salud reproductiva. o, más extremo, el caso del actual Presidente de los EE.UU. Donald Trump quien, en una de sus peligrosas ocurrencias, ha prometido reformar la Constitución de su país, para que, en adelante, los pastores, sacerdotes y ministros religiosos puedan desde los púlpitos defender las posiciones políticas que consideren correctas.
  2. Cuando Mateo dice hoy que los discípulos de Jesús debemos ser “sal de la tierra” y “luz del mundo” está diciendo claramente que vivir el impulso de las Bienaventuranzas no es algo individual, subjetivo, privado y que queda encerrado en las cuatro paredes de mi casa. Se trata de un estilo de vida que hay que proyectar y extender para beneficio de todos y cada uno de los pueblos. Este estilo de vida, si lo entendemos bien, no se reduce a algo “confesional” propio de una religión, sino que es el intento de plasmar en la vida valores profundamente humanos, tal y como los interpretó y vivió desde su perspectiva, ese Hombre pleno que fue Jesús de Nazaret. Pero, al mismo tiempo con los símbolos mismos que utiliza, —sal, luz…— Mateo está excluyendo que pensemos toda forma de imposición, de proselitismo, con el secuestro de instrumentos políticos o institucionales. Ser sal y ser luz, como ser fermento, son expresiones que se refieren a una actitud de testimonio, de demostración viviente de los valores que queremos comunicar. Las Bienaventuranzas, vividas en profundidad trasparentarán, sin duda, una vida valiosa que llamará la atención a quienes quieren vivir de manera constructiva, en medio de desorientaciones, oscuridades y conflictos. Por eso suele decirse que la predicación más fuerte y convincente de Jesús, más que sus palabras consignadas escasas, fue su compromiso con los pobres, su apoyo a los afligidos,  su servicio para incluir a los excluidos y marginados, o su preocupación por fortalecer a los de salud débil. Ese tipo de vida luminosa y que “da sabor” es la que Mateo espera que podamos realizar. Por si fuera necesario, Isaías, en la primera lectura de hoy nos aclara lo que quiere decir ser una “persona luminosa”, “ser luz en el mundo: ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes?
 Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahveh te seguirá. […] Si apartas de ti todo yugo, no apuntas con el dedo y no hablas maldad,
 repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerá en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como mediodía.
  3. Para terminar, recalco una aclaración hecha previamente. Cuando hablamos de “vivir el impulso, el imperativo de las Bienaventuranzas”, no podemos estar pensando en que podremos encontrar un “manual”, un “conjunto de reglas” que “traduzcan”, “aterricen” o “apliquen”. Ya lo habíamos dicho la semana pasada: las Bienaventuranzas no son “cláusulas legales”. El Sermón del Monte muestra un camino, una dirección para recorrer en cada momento y lugar de la historia. Apunta a una realidad de plenitud que trasciende nuestra visión habitual y todas nuestras realizaciones limitadas culturalmente. No existe entonces ninguna “aplicación” que agote y contenga esa plenitud. Pero, a pesar de ello, se nos invita a vivir entre las opciones a nuestro alcance, la que mejor exprese, en nuestras circunstancias concretas, la novedad de la Buena Noticia de Jesús. Para seleccionar y decidir no lo haremos solos, requerimos el apoyo de una comunidad de referencia. Ω



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