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29º domingo t.o.


Lect.: Is 53, 10-11; Hebr 4, 14-16; Mc 10, 35-45

1.   En una afirmación central en el texto evangélico de hoy,  Jesús dice a sus discípulos: ”Uds. saben que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Pero Uds., nada de eso: el que quiera ser grande, sea su servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos." Son frases contundentes, sobre todo si pensamos que cuando Marcos las escribe, ya existía alguna Iglesia particular, como la de Jerusalén que, apenas pasadas tres o cuatro décadas de la muerte de Jesús, ya estaba cayendo en la tentación de seguir una línea de poder.  A esa iglesia, probablemente, está criticando el evangelista. Pero lo importante es que también estas advertencias se dirigen a los cristianos de todos os tiempos y a nosotros en el siglo XXI. Marcos nos está recordando a todos que la Iglesia de Jesús no debe ser ni debe creerse una instancia de control social, ni siquiera de control religioso y menos aún de control político. Es decir, no está llamada a ser como esos dirigentes y esos poderosos que pretenden imponerle a los pueblos cómo tienen que pensar, cómo tienen que comportarse y cómo tienen que hablar. La frase de Jesús es muy fuerte: “que no sea así entre Uds.”
2.   Me resulta inevitable pensar, teniendo este mensaje como telón de fondo, entre otras, en ciertas prácticas de algunos cristianos fundamentalistas que creen que deben ocupar cargos públicos, sobre todo como diputados, para imponer sus creencias y principios morales a todo el conjunto de la sociedad. Pero hay incluso católicos que consideran que por ser la nuestra, hoy por hoy, la religión oficial del Estado en Costa Rica, debe ser la moral católica la que determine las leyes que se aplican a todos los ciudadanos. A unos y a otros se nos repiten las palabras del Evangelio: “No sea así entre Uds.” o, como dice otra traducción, “para Uds. nada de eso”. La Iglesia, repitámoslo en el espíritu del evangelista Marcos, no es una instancia de control social ni religioso ni político.
3.   ¿Cuál es, entonces, la misión de la Iglesia? El evangelio de hoy lo vuelve a dejar claro, por si se nos hubiera olvidado. “el que quiera ser grande, sea su servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.” Pero, hay que estar claros, ¿qué quiere decir esa misión de servicio? No podemos desvirtuar la palabra y entenderla como si se nos recomendara tan solo, por ejemplo, hacernos favores. Servir quiere decir que la iglesia, como conjunto y cada uno de nosotros, ha de ponerse al servicio de la acción liberadora de Jesús, la liberación de los pobres,  desfavorecidos, oprimidos, de los “descartables”, …
4.    Precisamente el Papa, comentando este texto evangélico en el Sínodo, decía hace un par de días: “Entre ustedes no será así: en esta expresión alcanzamos el corazón mismo del misterio de la Iglesia y recibimos la luz necesaria para comprender el servicio jerárquico”. Y luego añade varios ejemplos ilustrativos: “en esta Iglesia, dice, como en una pirámide dada vuelta, la cima se encuentra por debajo de la base. Por esto quienes ejercen la autoridad se llaman "ministros": porque, según el significado originario de la palabra, son los más pequeños de todos”. “El Papa no está, por sí mismo, por encima de la Iglesia; sino dentro de ella como Bautizado entre los Bautizados y dentro del Colegio episcopal como Obispo entre los Obispos.”  Luego Francisco agregaba que él y todos los obispos del sínodo debían pedir, sobre todo, el don de la escucha: escucha de Dios, hasta sentir junto con Él el grito del Pueblo, escucha del Pueblo, hasta respirar la voluntad a la cual Dios nos llama".   Sin duda una maravillosa trayectoria la que Francisco nos propone como forma de ser verdaderamente Iglesia.Ω

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