25 enero, 2015

3er domingo t.o.

Lect.: Jonás 3,1-5.10, I Corintios 7,29-31; Marcos 1,14-20

  1. El domingo pasado concluíamos nuestra reflexión diciendo que el corazón humano, movido por el propio Espíritu de Dios, se siente siempre impulsado a buscar más, incluso en el plano religioso.  Ese impulso es el que nos hace crecer en nuestra vida espiritual. Es una búsqueda que nos impide sentirnos satisfechos incluso con nuestra manera de siempre de vivir lo religioso. El evangelista Marcos hoy nos lo plantea radicalmente: lo que debemos buscar, en primer lugar es un cambio en nuestra manera de entender en qué consiste ser religioso y de qué manera se vive. Eso es lo que conlleva la palabra "convertirse", cambiar de enfoque, de dirección en la manera de entender cómo se vive religiosamente la vida. Marcos, en estos primeros versículos solo plantea el reto de manera inicial. Luego en todos los capítulos siguientes irá desarrollando los contenidos de ese reto, pero ya hoy nos hace ver tres aspectos muy importantes que marcan la dirección correcta de nuestra búsqueda.
  2. El primer elemento lo señala al decir que " Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios". En esta corta frase se sugieren ya rasgos claves de la decisión de Jesús: para anunciar la Buena Noticia no se queda en el desierto, como el Bautista, en un lugar apartado, para recibir a los que quieran venir. Pasa el Jordán y se va a regiones habitadas, al pueblo, adonde tiene lugar la vida de la gente. Pero, significativamente no va a Jerusalén, al centro de poder político y religioso. No va al Templo. Va a Galilea, que es la región que los judíos de la capital veían por encima del hombro. Era una zona multicultural, donde habitaban muchos grupos paganos, expuesta a muchas ideas nuevas, al lado de rutas comerciales. Una zona pobre, de campesinos y pescadores. Jesús es de esa Galilea y hacia esa Galilea va para anunciar Buenas Noticias a esa pobre gente marginada. Es ya un gesto inspirador para quienes quieren ser sus discípulos. 
  3. Marcos hace ver cómo  Jesús ahí, precisamente, en ese ambiente, en ese contexto,  anuncia que el tiempo de Dios se ha cumplido y el reinado de Dios se ha acercado al pueblo. Lo divino se manifiesta estrechamente unido en lo humano. No en el Templo, no en las sinagogas, no entre los grupos de ilustrados y de gentes de poder. Entre la gente sencilla, en medio de sus problemas y sufrimientos, cercano incluso a la marginación y a la rebeldía que esta provocaba en los galileos (ya se había producido una rebelión en el lugar), ahí es donde se hace cercana la presencia y el encuentro con Dios. En la costa, en el campo, en las casas de la gente. Ahí surgen también los primeros discípulos.
  4. Y, pese a todas las apariencias de lo irreversible de una situación negativa, Jesús les pide tener fe en esas buenas noticias. Tener fe quiere decir, tener una confianza radical en que ese Dios cercano, presente en ellos, respalda, sostiene su capacidad de hacer reales esas buenas noticias. No es magia, no son creencias, es certeza que surge de la recuperación de la autoestima, del sentimiento de la propia dignidad, al descubrir la presencia de Dios en ellos mismos, como lo experimentan en su contacto con Jesús.  
  5. Son solo nos pocos versículos el comienzo de Marcos pero que nos entregan ya unas pistas para cambiar nuestra manera de ver la realidad en aquella  época y en la actual, en una sociedad como la nuestra, tan abrumados por problemas de toda índole. Nos da pistas para descubrir la presencia del reinado de Dios en nosotros, de manera que recuperemos la fe, es decir, esa confianza radical en que podemos hacer realidad las buenas noticias de Jesús.Ω

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