01 abril, 2013

Domingo de Pascua


Lect.:  Hech 10:34 a.37-43; Col 3:1-4; Jn 20:1-9

  1. Hablando del momento posterior a su muerte, conversando con sus discípulos en la Cena de despedida, Jesús les había dicho estas palabras que pueden sonar enigmáticas: "Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero Uds. me verán, porque yo vivo y ustedes también vivirán. En ese día ustedes comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes." Este domingo de Pascua, se realiza este anuncio que Jesús había hecho. Por la muerte biológica, termina el período de la vida terrenal de Jesús y el mundo no lo ve más. Pero se inicia un nuevo modo de existencia de Jesús que es también un nuevo modo de existencia de los discípulos. Jesús que ha alcanzado la plenitud de vida, vive en Dios y nosotros vivimos  en él y él en nosotros. En adelante, como dice Pablo en la carta a los Colosenses, "nuestra vida está con Cristo escondida en Dios".
  2. Podemos darnos cuenta de que esta manera de hablar no se refiere a nuestro ser material, ni al de Jesús de Nazaret. No es algo que esté dentro del nivel de conocimiento empírico ni científico. Es una realidad de nuestro ser espiritual, que solo es perceptible por el conocimiento de nuestro ser profundo, en ese nivel precisamente donde nuestra vida y nuestro ser se enraízan en el ser y en la Vida plena que es Dios. Por eso es que, cuando los primeros discípulos intentan comunicar esa vida nueva que están experimentando tras la mañana de la Pascua, utilizan narraciones que se quedan cortas, que no pasan de ser modestos e imperfectos intentos de expresar esa vida nueva en la que están con Cristo, escondidos en Dios. Hablarán de una tumba vacía, de apariciones de Alguien que ellos saben que es Jesús pero que confunden con el jardinero, como le pasó a la Magdalena, o con algún desconocido que les interroga desde la playa del lago, si tiene algo que comer. Todo son pobres expresiones de algo nuevo que están viviendo, pero que estuvo siempre con ellos en Jesús. Casi puede decirse que son los discípulos los que han resucitado, han nacido a una vida nueva en la que ya estaba Jesús y de la cual ahora participan.
  3. En la reflexión a la que nos invitan los textos de los próximos domingos de este tiempo de Pascua, de una y otra forma nos daremos cuenta de que creer en la resurrección no quiere decir creer en que un cadáver vuelve a la vida, sino en creer que aún antes de morir, igual que Jesús, podemos alcanzar ya esa vida escondida con Cristo en Dios que nos hace plenamente humanos, plenamente hermanos de todos nuestros hermanos y auténticamente lo que somos en la mente de Dios. Ese grado de conciencia es el que, en las circunstancias que sean, nos va transformando aquí y ahora, haciéndonos alcanzar progresivamente la estatura de Cristo, como dice Pablo (Ef 4:13) "la meta es que todos juntos nos encontremos unidos en la misma fe y en el mismo conocimiento del Hijo de Dios, y con eso se logrará el hombre perfecto que, en la madurez de su desarrollo, es la plenitud de Cristo".Ω

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