06 noviembre, 2011

32º domingo, t.o.


32o domingo t.o.
6:13-17;  Tes 4: 12-17; Mt 25:1-13

1.   Mt en su evangelio ha recorrido  en 24 capítulos una serie de reflexiones y recuerdos sobre hechos y dichos de la vida de Jesús, para aplicarlos a problemas y situaciones que estaban viviendo en las comunidades unos 50 años después de la muerte de Jesús. Nosotros hemos hecho el mismo recorrido durante los domingos de este año, pensando en nuestra situación actual, 21 siglos después. Ahora, en el Cap. 25 que vamos a leer estos tres domingos siguientes Mt va a considerar con tres últimas parábolas las actitudes fundamentales que estaban a la base de lo que Jesús vivía y decía. La primera gran actitud fundamental de Jesús la evoca Mt con esta parábola de las doncellas sabias y las necias. Luego seguirán la parábola de los talentos y a continuación la del juicio final.
2.   Las doncellas sabias representan esa actitud fundamental propia de Jesús con respecto al encuentro con Dios. Hay que vivir con la convicción de que el encuentro con Dios se puede producir en cada instante. Y se puede producir en cada instante porque estamos siempre sumergidos en la presencia de la divinidad. Caer en la cuenta de ello nos da la posibilidad de encontrar a quien ya está ahí. En esto consiste la sabiduría de esas doncellas. Tenían la luz para ver esa presencia de Dios, el novio, porque tenían ese aceite de la sabiduría para alimentar su luz, para orientarlas en medio de tanto barullo, de tantos motivos de distracción que nos producen oscuridad.
3.   Un error que ha afectado a los cristianos a lo largo de lo tiempos es confundir el momento de ese encuentro con Dios, que puede ser cualquier momento, con el momento de la muerte, que a todos nos vendrá, pero que no es el momento del encuentro con Dios, sino el momento en que los velos que nos impiden ver esa presencia permanente, desaparecerán.
4.   Todo lo que Jesús hizo y dijo, no fue para ver si lograba el encuentro con Dios, sino que, por tener conciencia de ese encuentro permanente, fue por lo que vivió como vivió. Uno podría pensar, con desaliento, que estamos muy lejos de tener esa conciencia como la de Jesús. Pero la palabra de Dios en la 1a lectura nos dice otra cosa. Esa sabiduría, que nos permite descubrir ese encuentro, que es el aceite que alimenta nuestra luz, la tenemos a mano, está a disposición de todos los que la buscan, se da a los que la desean, nos sale al encuentro en todos nuestros pensamientos, está sentada a nuestra puerta. Es cuestión de quitar obstáculos, trabajarse personalmente y dejarse llevar por nuestros anhelos más profundos, que vienen de Dios, y no por caprichos superficiales, para abrirnos al camino de la iluminación.

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