19 septiembre, 2010

25º domingo tiempo ordinario

25º domingo tiempo ordinario, 19 de sep. de 10
Lect.: Amós 8: 4 – 7: 1 Tim 2: 1 -8; Lc 16: 1 – 13

1. El tema de hoy sirve para levantar roncha. Es el tema del uso del dinero, desde la perspectiva del evangelio. Digo que sirve para levantar roncha, o para encogerse de hombros y decir que estas enseñanzas no son realistas. Es un tema que molesta a muchos que viven muy bien, con exceso de confort y beneficiándose privilegiadamente de la actual dinámica de la economía y que creen que su modo de vida no debería cuestionarse. Algunos se defenderían diciendo que estos asuntos de plata no tienen que ver con lo religioso. Otros, que se refugian en esas llamadas “megaiglesias” o “iglesias de la prosperidad” pretenden que las enseñanzas bíblicas dicen que las riquezas son una prueba de la bendición divina. Otros, en fin, dirían que las enseñanzas espirituales evangélicas no entienden de estas cosas, y son muy idealistas, no aplicables en la vida real. Sin embargo ahí tenemos esta parábola de hoy que “agarra el toro por los cuernos” y pone en labios de Jesús una enseñanza sobre el uso del dinero. No hay quite. Y no es la única vez que el Maestro se refirió al tema. Pero, en resumen, ¿qué es lo que dice este pasaje?
2. Vale la pena observar de antemano dos cosas. Primero, que se trata de una parábola y Jesús usa las parábolas para ponernos a pensar en una dirección. Él no usa catecismos de preguntas y respuestas para memorizar. Siempre prefiere tratarnos como personas adultas capaces de pensar por nosotros mismos. Es una manera de respetarnos y de respetar, al mismo tiempo, la palabra de Dios que es tan rica que no puede encerrarse en frases hechas y que muchas veces quiebra la manera habitual de pensar de la gente. La otra cosa que conviene recordar es que esta parábola de hoy, como otras enunciadas por Jesús, tiene dos partes. Una es la original, la que probablemente pronunció Jesús, y la otra, son las consideraciones que luego las primeras comunidades añadían para aplicarla a sus necesidades. Con estas aclaraciones, nos podemos preguntar, en la parábola original, ¿cuáles serían las ideas centrales en los que Jesús quiere que nos fijemos? Probablemente podemos subrayar tres: 1ª que el dinero, las riquezas materiales, deben servir “para hacer amigos”. Es una forma de decir que las riquezas son un medio, un instrumento al servicio de algo más importante: las relaciones de amistad, de amor, de fraternidad y solidaridad. La 2ª enseñanza apunta a decir que en la vida real esto no se realiza fácilmente. Por eso es indispensable que los hijos de la luz, es decir, los que quieren aceptar el reino de Dios, deben desarrollar verdadera astucia para averiguar cómo realizarlo, así como el mayordomo deshonesto era astuto para hacer su sinvergüenzada. La 3ª idea importante de Jesús, es como la raíz de las otras dos. Cuando dice que no se puede servir a Dios y al dinero, nos está diciendo que quien ha hecho opción por Dios, como lo más importante de su existencia, ese Dios, fuente de vida y de amor, es el que estará enseñándole a usar los bienes materiales con libertad, inteligencia y capacidad para construir relaciones de amor, de amistad, de fraternidad. En cambio, cuando la codicia, la ambición de riquezas es la que manda en el corazón de alguien, eso genera una actitud egocéntrica que acabará por romper nuestros lazos con los demás y con Dios, sea de manera extrema (formas de explotación, de abuso, de injusticias abiertas con el prójimo), o sea de manera menos descarada, ( indiferencia o la pretendida ignorancia de los problemas de pobreza y de creciente inequidad que afectan nuestro entorno).
3. No cabe duda de que esta enseñanza se aplica a cada uno personalmente, con más fuerza a los que más tienen, y se aplica también a los políticos responsables del crecimiento y desarrollo de la economía nacional.Ω

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