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6o domingo de pascua

6º domingo de Pascua, 27 abr. 08
Lect.: Hech 8: 5 – 8. 14 – 17; 1 Pedr 3: 15 – 18; Jn 14: 15 – 21


1. Una de las cosas que me llama más la atención en este discurso de despedida de Jesús es la manera como relaciona o incluso mezcla varios aspectos de su vida que uno, ordinariamente separa. Jesús mezcla su acción —las obras que hace—, con su experiencia / conocimiento de Dios como Padre, con la presencia de Dios en nosotros, con nuestra propia capacidad de amar, con las obras de amor que realizamos y nuestra posibilidad de conocer a Dios. Uds. me dirán que está complicado el asunto. Barajémoslo más despacio, tratando de decirlo en palabras y ejemplos más sencillos. Jesús dice que él está en el Padre y el Padre en él. ¿Cómo lo sabe? ¿No se lo estaba imaginando? ¿Acaso a Dios que es inmaterial de le puede ver? Ciertamente no. Jesús no veía su relación o presencia de Dios en él físicamente, sino porque las obras de amor que realizaba, eran hechas por el Padre, que es amor. Descubría la presencia del Padre a partir desu experiencia del amor. Esta misma experiencia suya nos la aplica a nosotros. Nosotros también, dice, podremos ver que el Padre habita en nosotros, que nosotros habitamos en Jesús y él en nosotros. ¿Cómo y cuándo vemos eso? Tampoco se refiere a una visión física. Lo vemos, lo experimentamos cuando amamos con el mismo tipo de amor con que él amó. Esa práctica misma del amor es reveladora, parte del mismo amor que Dios nos tiene y por eso, medio por el cual el Padre se nos manifiesta. ¿Complicado todavía? Sí, es una realidad que nos sobrepasa, hagamos otro esfuerzo por en acercarnos a ella.
2. Muchas veces aceptamos por fe que Dios está muy cerca de nosotros, incluso aceptamos que estamos sumergidos en él, pero nos conformamos con aceptarlo “porque la SE lo dijo” pero nada más. Claro, la gente que no es creyente nos mira un poco como con lástima, como diciéndonos: “qué imaginación tienen Uds., cómo se han tragado ese cuento de los curas y las Iglesias, pero aunque Uds. lo creen, por mucha fuerza que hagan no pueden probarlo.” Bueno, nosotros sabemos que no se puede probar científicamente y, entonces, en nuestra sencillez pensamos que eso que creemos no podemos experimentarlo y solo se nos puede revelar desde fuera, por medio de un milagro, o desde dentro, por medio de un sueño, de unas palabras que se nos pronuncian interiormente, o en los momentos de oración silenciosa y apartada. Pero Jesús, en esta reflexión de Jn, nos lleva a otra manera de ver las cosas. No nos dice cómo es que exactamente se da esa realidad de la presencia de Dios que habita en nosotros; no nos explica cómo es posible que el Creador, esté en nosotros. Pero nos cuenta en cuáles experiencias de su vida a Jesús se le manifestaba el Padre dentro de él. Era en la práctica de las obras del amor donde le quedaba claro que el Padre estaba en él y él estaba en el Padre. Está diciéndonos que el amor, el amor verdadero, es revelador de Dios. Está diciéndonos: dejen de acercarse a este tema solo con el cerebro; dejen de soñar con que algún milagro o revelación privada se va a producir. Simplemente ábranse al amor de Dios y en la práctica de ese amor descubrirán a Dios, y se descubrirán lo que Uds. mismos son, morada de esa presencia de Dios. No se sorprendan, porque Dios es el amor verdadero y completo.
3. Reconozcamos que puede verse como una apuesta arriesgada. 1º , porque nos dice que nos tiremos al agua, y no quedarnos en la orilla, dudando si el agua estará fría o caliente. Es decir, que hagamos la experiencia, en vez de solo razonar pensando cómo será la cosa. 2º, porque es una experiencia muy exigente: se trata de tener la misma experiencia de amor de Jesús, experiencia de amar no importa en qué circunstancias, en las duras y en las maduras. No solo a quienes nos aman, a aquellos de quienes algo recibimos. Se trata de amar como Dios mismo, gratuita, desinteresadamente, hasta el final. Pero por arriesgada que sea, él nos está diciendo que podemos hacer esta apuesta, porque tenemos el mismo Espíritu que resucitó a Jesús y que nos resucita ahora a esta vida de un amor de calidad.Ω

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