09 enero, 2011

Fiesta del Bautismo de Jesús

Fiesta del Bautismo de Jesús, domingo 9 de enero de 2011,
Lect. : Is 42: 1 – 4. 6 – 7; Hech 10: 34 – 38; Mt 3: 13 – 17

1. Después de enriquecernos con la lectura llena de simbolismos de los evangelios de la infancia, durante el tiempo navideño, hoy nos encontramos con el primer relato histórico que nos brindan los evangelios sobre Jesús: su bautismo. Sin embargo, para que nos resulte una lectura que alimente nuestra vida espiritual, hay que distinguir varios niveles: el hecho histórico que vieron los testigos y relata Mt, lo que ocurrió al interior del propio Jesús, que evidentemente no podemos ver de manera directa, y luego, las interpretaciones posteriores del hecho, expresadas simbólicamente, de nuevo, por las comunidades cristianas que vinieron después, en los primeros siglos y hasta nuestros días. Como es lógico, en una homilía como esta, solo podemos limitarnos a un solo aspecto, que tenga mayor relevancia para nuestra vida personal y comunitaria: lo que significó para Jesús ese bautismo, como lo podemos inferir indirectamente.
2. Hasta este episodio en las aguas del Jordán, Jesús había sido un carpintero de Nazaret, común y corriente que, aunque era muy conocido por sus paisanos, no debía destacar más allá de la mayoría de buenas personas de su pueblo. Hacía el año 28 probablemente, Jesús empieza a oír hablar de ese profeta Juan, de figura llamativa y mensaje radical, que predica en el desierto. Denuncia el total deterioro de la religión judía en esa época, predice el final de esa religión del templo y de la Ley, y de la historia judía como la habían conocido hasta entonces. Lo más importante: llama a un cambio radical y a un compromiso para empezar una vida nueva, que simboliza con el gesto de sumergirse en aguas del Jordán. El hecho de que Jesús no solo viaja para conocer y oír a ese profeta, sino que hace suyo ese gesto de compromiso y cambio, el bautismo, al que invitaba Juan, es lo que de manera indirecta nos permite intuir lo que significó para Jesús ese importante momento: estaba haciendo suya la denuncia que hacía el bautista de aquella vida religiosa en torno al Templo y a la Ley y estaba dando un paso adelante, muy radical , comprometiéndose a crear en su vida y en la de su pueblo, un nuevo comienzo, una vida nueva.
3. Con solo reflexionar un poco sobre el significado de este gesto bautismal de Jesús, se nos pueden subrayar dos rasgos fundamentales de la vida de Jesús, importantes para nuestra propia vida. Primero, Jesús no aparece desde el principio distinto de cualquier otro ser humano, sino que como cualquiera de nosotros va descubriendo progresivamente la propia vocación y va desarrollando progresivamente su propio compromiso. Segundo, cuando reconoce la voz de Dios en los acontecimientos que lo rodean, Jesús toma una decisión y un compromiso radicales, solidario con el pueblo del que forma parte. Expresa ese compromiso con un gesto ritual, el del bautismo, no como algo mágico, sino como un símbolo de lo que irá luego realizando en todos los ámbitos de su vida de servicio, en los que, como dice Lc en el texto de Hechos, hoy, “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.
4. Muchas veces se ha especulado sobre por qué Jesús empieza su vida pública, ya tan grande, al finalizar su segunda década de edad. Se me vienen a la mente por una parte el gran novelista Saramago, que escribió su primera novela a los 40. Y también pienso en las palabras del gran espiritual francés Marcel Légaut que decía que a los muy jóvenes resulta más difícil entender los retos de la vida espiritual. Para los que somos ya adultos, el relato del bautismo de Jesús puede ser el momento de preguntarse si es ahora cuando se termina para nosotros una forma de religión rutinaria y convencional y se nos abre la posibilidad de un nuevo comienzo y cambio radical hacia una vida espiritual profunda y auténtica.Ω

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