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3er domingo de Adviento


Tercer domingo de. Adviento,
Lect.: Is 1: 1-2  a.11-12; 1 tes 5:16-24; Jn 1-6-8,

1. Si ponemos atención a un texto como este del evangelio descubriremos que, a través de las preguntas de fariseos y levitas, y de las respuestas que el evangelista pone en boca del bautista, se refleja un ambiente de controversia y quizás de enfrentamiento entre los judíos de viejas tradiciones, los discípulos del Bautista y los primeros seguidores de Jesus. De hecho, la rivalidad de algunos discípulos del Bautista llega hasta nuestros días en grupos religiosos conocidos como "mandeanos".  Los enfrentamientos entre religiones los hemos visto, al menos, desde aquellas lejanas épocas. Mucha gente se pregunta cómo es posible que se den, y que a veces lleguen incluso a la violencia, si se supone que todos buscan a Dios y predican amor y paz.
2. También el texto del evangelio de hoy nos da pista para responder. Los verdaderos maestros espirituales nunca se  presentan como grandes protagonistas, ni como poseedores únicos de la verdad, y sus mejores discípulos tampoco los ven de esa manera. Para decirlo con la frase del Bautista, los maestros espirituales auténticos solo se sienten "testigos de la luz". Y todos sabemos en quéconsiste eso de ser "testigos". En ver, vivir, experimentar en carne propia determinados hechos. Las vidas de estos hombres y mujeres son por esta razón, como ventanas a través de las cuales podemos descubrir la luz, tener la experiencia de Dios, porque ellos mismos han tenido esa experiencia de lo que tienen, lo que viven, y son voz de eso que experimentan. Por eso Jesús mismo decía "quien me ve a mí ve al Padre". Jesús nunca se predicó a sí mismo, ni se ofreció como objeto de culto, mucho menos como gran líder o rey. Todo lo que quería era mostrar a través de su vida humana plena, la vida misma de Dios, de la que todos participamos y que estamos llamados a descubrir.
3. A veces perdemos esta perspectiva y deformamos nuestra religión, de  modo que no es ya una ventana abierta a la luz, sino en una caja cerrada repleta de doctrinas y ritos que nos apropiamos excluyendo a los que no piensan como nosotros. Y la religión se transforma en un ejército de pelea contra otras religiones. Genera violencia. En cambio, si despertamos de nuestros engaños, si descubrimos en Jesús un testigo de la experiencia de Dios, y nosotros llegamos a ser también de esos testigos, nuestra vivencia religiosa nos hará entrar en comunión con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que también están experimentando la luz, el amor, la fraternidad por otros caminos. Pero quedémonos con la frase del evangelio: esto solo se puede lograr siendo testigos, es decir, experimentando, viviendo nosotros mismos, la presencia de Dios.

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