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Domingo de la Ascensión: Su plenitud es la nuestra

 Lect.:   Hechos 1:1-11; Efesios 4:1-13; Marcos 16:15-20


  1. No es fácil al primer intento captar el mensaje de Marcos y de Lucas cuando nos hablan de la “ascensión. después de tantos siglos de escuchar este relato con expresiones míticas —reforzado por expresiones artísticas, con mayor impacto visual en las catequesis.
  2. Pero Tratando de penetrar en el lenguaje propio de la cosmovisión de la época, podemos recordar que entonces, muy lejos de nuestros conocimientos cosmológicos y astronómicos actuales, pensaban en tres niveles  tres niveles del mundo, entre los cuales, el superior, “el más alto” correspondía a la “morada de los dioses”. Con esa visión de los antiguos, la ascensión de Jesús al cielo para sentarse al lado de Dios, era la forma que tenían para  expresar su fe en elentronización de Jesús a la derecha de Dios  — su carácter divino del Señor, el kirios, y su soberanía sobre anunciar la buena nueva a toda la creación,
  3. Más allá de eso, y más importante para redescubrir y profundizar la Buena Noticia, el mensaje habla de una ausencia de Jesús, fin de su etapa histórica, que es la que hace posible la nueva forma de presencia en sus discípulos, en la medida en que cuando él “se va” ellos empiezan a sentirlo actuando con fuerza de su espíritu por medio de sus acciones.
  4. La buena nueva que proclamamos ahora es, por eso, la de la vida de Jesús en nosotros. Y se entiende en este contexto el sentido de la encarnación y de la pasión y muerte de Jesús: todo ello revela la gran trascendencia de nuestra vida humana, de nuestra propia transformación y la de toda la creación
  5. Importante notar que esa Buena Nueva empieza a ser proclamada por un pequeño grupo todavía lleno de dudas. Aun parecen necesitar de “prodigios” para creer, —el Viviente les  reprocha no haber creído al testimonio de quienes primero le habían experimentado vivo. Y aún están perdidos en cuanto a lo que significa el anuncio del Reino:  lo primero que le preguntan es de orden político, si ahora es cuando va a restaurar el reino de Israel. Pero la respuesta del resucitado, por el contrario, lo que les promete, no tiene nada que ver con la política ni con instituciones religiosas. Lo que les garantiza es que ellos recibirán una fuerza cuando el Espíritu Santo venga sobre ellos, y de este modo serán sus testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. Darán testimonio con su vida de hombres y mujeres que vivirán el mismo Espíritu de Jesús de Nazaret.
  6. Lo esencial, entonces, es que la plenitud que él tiene la tenemos nosotros y que hemos sido llamados a vivirla y transformarnos transformando este mundo. En la pascua los discípulos descubren dimensiones profundas de la vida humana que no conocían anteriormente.Ω


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