Ir al contenido principal

Fiesta de la Stma. Trinidad 2013


Prov 8:22-31; Rom. 5:1-5; Jn 16:12-15

  1. Todas estas semanas hemos visto que los primeros discípulos, después de la Pascua, no se ponían a hacer doctrinas, grandes reflexiones intelectuales, teológicas sobre la resurrección. Más que todo, lo que compartían era su experiencia del resucitado en sus vidas, y en esa experiencia de Jesús la experiencia de Dios. Dicho de otra manera, vivían a Dios, así como vivían la resurrección de Jesús viviendo como resucitados. No trataban de ponerse a analizar qué es Dios, o cómo es, porque, como ellos eran muy conscientes en la tradición judía, a Dios no se le podía conocer, ni representar no solo con imágenes, sino tampoco con conceptos. Dios no puede expresarse ni como un objeto, ni como un ser humano u otro, porque si lo concibiéramos así de limitado, ya no estaríamos hablando de Dios.
  2. Los discípulos hablan entonces de su experiencia de Dios, de cómo lo vivían. Pero, ¿ qué queremos decir cuando decimos que los discípulos "vivían" a Dios? Quizás una de los textos más elocuentes del NT sobre esta experiencia sea aquel de la predicación de Pablo, cuando dice, Hechos 17:21-29. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. 
  3. A pesar de estas palabras tan contundentes, luego vinieron esfuerzos de pensadores por hacer más comprensible para su época el misterio de Dios, y vino eso de hablar, por ejemplo, de la stma. Trinidad y las formas de representarla que conocemos. esos esfuerzos de reflexión pueden distraernos de lo fundamental: vivir a Dios. En todo caso, para entender la relación de esa vivencia con esa expresión trinitaria me gusta la manera como lo expresa un predicador dominico que leo a menudo. Dice así: Lo que experimentaron los primeros cristianos es que Dios podía ser a la vez y sin contradicción: Dios que está por encima de nosotros (Padre); Dios que se hace uno de nosotros (Hijo); Dios que se identifica con cada uno de nosotros (Espíritu), o Dios que nos mueve e impulsa desde dentro. O también, es inspiradora la frase de un gran espiritual francés del siglo XX, que decía "hay en mí una realidad  que no puede separarse de mí, pero es infinitamente superior a mí, que me trasciende. Y a ese lo llamo Dios."
  4. Así como los primeros discípulos experimentaron en la vivencia del amor que estaban participando de la vida del resucitado, igualmente en la experiencia del amor experimentaban la presencia de Dios. Por eso Juan insiste en que Dios es amor y en que sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Es decir sabemos que hemos resucitado, que estamos en Dios, por nuestra práctica de amor. En esta fiesta, este domingo, nos comprometemos a seguir abiertos a esa práctica de mor que el Espíritu impulsa en nosotros.Ω

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Domingo de Pascua

Lect.:  Hech 10: 34-43; Col 3: 1-4; Jn 20: 1-9 Cuando decimos que para los cristianos la fiesta de la Pascua es el acontecimiento central de nuestra vida , afirmamos que estamos hablando de algo de lo que no es fácil hablar . Nos referimos al momento culminante de la vida de Jesús, de la vida de sus primeros testigos y de nuestra propia vida . ¿Cómo poder expresar ese momento culminante de manera fácil? ¿Cómo encerrar en palabras humanas unas realidades, vivencias que tocan lo más íntimo de nuestro ser y del ser de Jesús ? Durante muchos años hemos leído y meditado los relatos evangélicos de la resurrección y probablemente nos hemos quedado pegados en los detalles con que sus autores intentaron comunicar lo incomunicable. La resurrección de Jesús no es la vuelta a la vida en este mundo de un cadáver . Y, sin embargo, por las limitaciones del lenguaje, si los leemos literalmente, los relatos sobre la tumba vacía, sobre las apariciones a María Magdalena,...

34º domingo t.o.

34o domingo t.o. Lect: Ez 34: 11-12.15-17; 1a Cor 15: 20-26 a.28; Mt 25:31-46 1.    Esta grandiosa parábola a veces nos hace tirar la  imaginación a un lejanísimo tiempo futuro de un supuesto final de los tiempos. Es más, se nos olvida que, como todo relato parabólico, se trata de un cuento imaginativo que a través de Símbolos intenta comunicar un mensaje .  Y cuando perdemos esta perspectiva pensamos que el evangelio está hablando de algo que va a pasar tal cual y que hemos dado en llamar el "juicio final". Pero en realidad no es así. Por poco esfuerzo que hagamos para leer el texto de manera fresca, nos daremos cuenta de que Mt está hablando no del juicio "final" sino del juicio "presente". Todo lo sugerente de un juicio “final” es una forma simbólic de expresarse. La parábola tiene, por eso, un carácter revelatorio . Es decir, nos revela, nos quita el velo que oculta lo que nos sucede a cada momento, en cada uno de nuestros comportami...

En el funeral de mi primo Cristián Sobrado Chaves

Lect.:    Flp 1: 20b - 24; Jn 12: 23 - 26 Nuestra generación de primos, de la “cepa” de los Chaves: Sobrado Chaves, Chaves Ovares, Guzmán Chaves, Chaves Desanti, Chaves Ortiz… nos encontramos ya en esa edad en que es inevitable cobrar conciencia de que el momento de la muerte está mucho más cercano. Mucho más que en el pasado, cuando veíamos la desaparición definitiva de nuestros mayores, nos resulta inevitable pensar en que ahora los mayores somos nosotros y que, en cualquier momento, relativamente pronto, por más que la expectativa de vida se haya alargado, nos va a llegar el turno de nuestra propia partida.  Nos lo recuerdan nuestros propios desgastes de salud. Nos lo recuerda, sobre todo, cuando uno de nosotros, como Cristián hoy, nos deja. Creo que esta realidad, y en especial en este momento de despedida, nos fuerza, si no a   pensa r cotidianamente en la muerte, sí a preguntarnos con frecuencia,  cómo prepararnos para ese momento o, más...